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Opinión

Rencor

Olga Leonor Hernández Bustamante
Olga Leonor Hernández Bustamante
Columnista
19 de octubre de 2024

Un relato conmovedor revela la profunda decepción de una hija. Entre rabia y tristeza, expone la dolorosa ausencia paterna y la búsqueda de sanación tras expectativas incumplidas.

Por Olga Leonor Hernández Bustamante “Yo solamente necesitaba a mi papá, no me hacía falta el sermón moral acerca de lo bueno y lo malo, lo que estaba haciendo de forma equivocada, los castigos que me iban a venir más adelante, la forma en que siempre elijo mal… Yo no necesitaba nada de eso ¿Me entiendes? Yo solo necesitaba a mi papá, aunque fuera por una sola vez. Necesitaba que me dijera que podía contar con él, que todo este momento iba a pasar, que él me iba a acompañar a recoger las piezas quebradas e intentar rearmarlas de nuevo… la verdad no sé por qué sigo ilusamente esperando algo de él si siempre ha sido de la misma manera… y si, yo tengo claro que seguramente por su historia y todo lo que le pasó de niño él no tiene nada distinto para darme. Créeme que yo lo entiendo, pero eso no me quita este rencor sordo, esta rabia que se mantiene en mi al confirmar, una y otra vez, que el papá de mis expectativas no se parece a este señor que de vez en cuando me llama. Ese que me tocaba llamar cada semestre a recordarle con voz de ruego que ya era hora de pagar el semestre de la U. Ese que frente a sus conocidos muestra todos mis logros como propios, como si de alguna manera él fuera mi espejo. Ese que hoy, que estoy en medio de esta crisis, aparece solo para regañarme y reclamar mi ingenuidad”. …” Si, tengo claro que si me lastima es porque aún espero. Lo sé. Pero a pesar de que lo sé no puedo evitar sentir todo esto. Es una ecuación de rabia + tristeza + desagrado. Es sentir desilusión y al mismo tiempo esa idea de que nada de esto es justo ¿Por qué tenía que tocarme esto a mí? Por qué no me tocó el papá que tenían mis amigos, el que me recogía en el colegio y estaba animándome en los partidos de futbol ¿Por qué no me tocó el papá que fue a terapia y sanó sus heridas de la infancia sin reproducirlas conmigo? Sigo y sigo imaginando al papá que me hubiera gustado tener y me estrello una y otra vez con el que verdaderamente tengo. Y si, ya he comprendido que tengo que aceptar, renunciar y dejar de esperar para poder avanzar. Que mi vínculo con él necesita ser lejano, que cuando me llama y me dice todas estas cosas su actitud habla más de su analfabetismo emocional que de mí. Ya sé que debo dejar de buscar esa familia en mi pasado y diseñarla en mi futuro y ser yo mismo ese padre de mis fantasías para mis hijos, cuando lleguen. Pero duele, sí que duele saber que, si quiero sanar, debo dejar de esperar”.