
Reminiscencias de mi pueblo

El arroyo El Floral, otrora paraíso natural de Corozal, hoy agoniza por la contaminación y la tala. Un recorrido nostálgico por tiempos de costumbres perdidas y leyendas locales.
Por Samuel Morales Turizo Todo cambia en nuestra región, es nostálgico, las épocas pasadas fueron mejores, según expresan nuestros abuelos. Las costumbres se han perdido a través del tiempo que ha pasado. Cuando Corozal carecía de acueducto la mayoría de los habitantes se bañaban en los estanques de las fincas. En lo que se refiere a mi persona, mi abuelo Ubaldo Turizo Mercado, me acompañaba a bañarme, los utensilios usados eran una totuma, jabón de monte y un trapo. Teníamos que cruzar por una pequeña casa campestre llamada “Tumba burro” y en sus alrededores se encontraba una poza en donde las mujeres de los barrios, lavaban las ropas de sus familiares y de los ganaderos de ese entonces. Este pequeño potrero, era atravesado por el arroyo, El Floral sitio obligado para el baño diario, sus orilla estaban llenas de frondosos campanos, caracolíes, cedros, bongas, higos y robles. En este cauce se contemplaba el agua cristalina y limpia, corrientes fluidas y márgenes verdes, era una hermosura total. En días silenciosos se sentían los murmullos y sonidos que emiten las aves que habitaban este lugar, donde la naturaleza era la protagonista. La biodiversidad estaba presente, sabanas abundantes, tapones, tarrullas, se divisaban iguanas, ardillas, pájaros, lagartos y el popular pasa arroyo. Los corozaleros recuerdan a María Pérez, la bruja del arroyo de los caracolíes. Igualmente a Serafina Tovar, conocida como la niña Sera, la de los bollos de cachito de plátano maduro, en su vivienda de palma y paredes de barro, tenía todas las estampas del santoral católico y los adoraba con velas temblorosas. Además les echaba la suerte en naipes o con guarrú de café a las prostitutas del pueblo cada media hora. Hoy el arroyo El Floral, da lástima de mirarlo, su lecho está atestado de basuras, y bolsas plásticas. Los árboles espesos han desaparecido por la tala indiscriminada. Los animales han huido a otros sitios, buscando un entorno más aceptable para su convivencia. Todos sin excepción, debemos cumplir con la tarea de proteger y cuidar la flora y la fauna. Los relatos de María Pérez y la Niña Sera, se han convertido en una riqueza cultural, como son las leyendas.