
Regulación emocional: el gran desafío de la sociedad actual

El manejo adecuado de las emociones ha sido un motivo de análisis durante toda la historia humana, muchas corrientes filosóficas como el estoicismo y el epicureísmo ya mostraban el papel que estas jugaban en el comportamiento humano y su necesidad de regulación.
El manejo adecuado de las emociones ha sido un motivo de análisis durante toda la historia humana, muchas corrientes filosóficas como el estoicismo y el epicureísmo ya mostraban el papel que estas jugaban en el comportamiento humano y su necesidad de regulación. No obstante, hoy por hoy, parece vivirse un incremento de problemas asociados a que cada vez tenemos mayores dificultades para la regulación emocional. Sin importar si se trata de tristeza, ira o miedo, las emociones parecen desbordarnos al punto de dejar que ellas dirijan muchas veces nuestro comportamiento. Pensemos en una persona enojada que, bajo el influjo de la ira, interpreta algo de forma negativa, su ira aumenta hasta explotar, dice muchas cosas ofensivas e hirientes y posteriormente al reflexionar se da cuenta de su error y empieza ser dominada por un gran sentimiento de culpa. De esta misma forma podemos ver toda una gama de conductas que hacen visible nuestra incapacidad para regularnos, además de las discusiones acaloradas, esto se hace también evidente en la realización de compras de manera impulsiva, los atracones de comida en los cuales se ingieren grandes cantidades de alimento en un lapso corto de tiempo, las agresiones físicas que se dan en medio de una discusión acalorada en las que muchas veces puede presentarse incluso un ataque letal hacia el otro. Ante este tipo de situaciones, aparece la pregunta ¿Qué hacer para no perder el control? ¿Será que es posible tener dominio propio una vez la emoción se ha disparado? Las emociones no se controlan, pero pueden regularse. Todo acto impulsivo viene precedido de ideas que ya tenemos sobre una situación por eso en algún momento cualquier cosa puede interpretarse a favor de eso que ya pensamos y se convierte en un detonante de la pérdida de control, es por ello que es indispensable revisar las raíces más profundas asociadas al episodio, esto es una acción claramente posterior a la vuelta a la calma. Por otra parte es necesario analizar como sociedad, qué factores promovemos que puedan estar relacionados con una pobre educación emocional, dentro de los cuales puede aparecer la poca importancia que se le concede a la salud mental, al conocer sobre las emociones, a la calificación que se les da a las personas como “débiles cuando expresan su sentir”, además de la gratificación inmediata propia de nuestros tiempos, en lo cuales existen menos probabilidades de desarrollar tolerancia a la frustración, por último añadiría las prácticas de crianza comunes en nuestros territorios en las cuales muchas veces se corrige desde la ira o la tristeza por tanto nos convertimos en modelos de actuar sin regulación ante nuestros hijos.