
Reflexiones post campaña

Colombia amaneció hoy con nuevo presidente de la República. Los resultados del preconteo los tienen ustedes allí en la mano y lo que procede ahora es que luego de que las comisiones escrutadoras municipales y departamentales revelen las cantidades de votos obtenidas por cada candidato, estos datos lleguen al Consejo Nacional Electoral (CNE), para que este cuerpo colegiado después de absolver las reclamaciones a que haya lugar, si es que las hay, declare entonces oficialmente, quién fue el ganador en estas justas electorales.
Colombia amaneció hoy con nuevo presidente de la República. Los resultados del preconteo los tienen ustedes allí en la mano y lo que procede ahora es que luego de que las comisiones escrutadoras municipales y departamentales revelen las cantidades de votos obtenidas por cada candidato, estos datos lleguen al Consejo Nacional Electoral (CNE), para que este cuerpo colegiado después de absolver las reclamaciones a que haya lugar, si es que las hay, declare entonces oficialmente, quién fue el ganador en estas justas electorales. Así las cosas, aunque en las últimas elecciones las cifras del preconteo han sido casi iguales a las de las comisiones escrutadoras, de todas maneras hay que esperar la decisión del CNE, que es la definitiva en estos casos. Lo que sí podemos hacer en este momento, es comentar con certeza lo que fue esta campaña electoral, pues lo cierto es que pocas veces en nuestro país habíamos tenido una contienda democrática como la que finalizó ayer, donde la polarización, la agitación y las denuncias de parte y parte fueron la nota predominante, amén de la crispación en la población y el tono altisonante de los protagonistas de los comicios. Tampoco debemos pasar por alto el comportamiento del Jefe de Estado, que como nunca antes había ocurrido en Colombia, fungió como jefe de debate del candidato del continuismo y lo cual ejerció en forma descarada, prepotente, desafiante y sin el menor reato por lo que prescribe nuestra Constitución y la ley sobre cómo debe comportarse en estos casos quien representa la majestad de la Nación, que no es de otra forma que imparcialmente y no poner al servicio de ninguna candidatura el poder y los recursos del Estado. Por el contrario, en este caso, el presidente de la República puso al servicio de su candidato y heredero del régimen, una maquinaria bien aceitada, toda la burocracia oficial y el Presupuestos Nacional, con la obligación de todos sus ministros y funcionarios dependientes del Ejecutivo, de ponerse a disposición de esa causa, en forma pública y manifiesta imitando el comportamiento de su jefe político y administrativo. Naturalmente, la competencia fue desigual y lo que pide el pueblo ahora, es que ello no se vuelva a repetir por el bien de nuestra democracia, que si bien no es perfecta, se le reconoce como una de las mejores del mundo.