
Reflexiones

Existen dos tipos de muerte: la esperada y la inesperada. Reflexionar sobre ellas permite comprender la vida, el crecimiento personal y el amor como constantes.
Por Olga Lucia Bustamante Madrid Hay dos clases de muerte. La muerte esperada y la inesperada. La primera es cuando la persona se prepara para dar el gran salto a un plano superior experimentando un proceso de cambio interior, con reconocimiento consciente de uno mismo, de un antes y un después, de lo efímero del ahora. Es pensar filosóficamente sobre este paso para poder enfrentarlo sin temor. Es saber que no hay un final, que el camino continúa en otra dimensión no física. Es aceptarnos como seres espirituales que estamos de paso en un proceso de crecimiento. Diferente a la muerte inesperada que es impuesta abruptamente, sin estar preparado para afrontar sus consecuencias. Muchas veces cargados de apegos, resentimientos y disgustos, de inquietudes sin resolver. Sin tiempo para perdonarse y perdonar, para reflexionar sobre lo vivido, bien o mal. Estas dejan mucho dolor a las personas allegadas. Hace poco un conocido partió, dándole gracias a la vida, dejando una huella imborrable que señala camino a otros e iniciando un nuevo recorrido lleno de esperanza, confiando en la mano invisible amorosa que lo acompaña. Dispuesto a continuar aprendiendo, sirviendo y agradeciendo. La muerte es un tema profundamente humano que implica reconocer la finitud de la vida, no significa resignarse a ella, sino comprenderla como parte natural del ciclo de la vital, el crecimiento como persona involucra mirar todas las variables desde el nacimiento hasta la muerte, el amor debe ser la constante en nuestra vida, la presión por alcanzar ciertos estándares puede poner a muchos a dudar de sus capacidades y a veces prefieren no correr riesgos por lo intimidante de los retos que la sociedad nos impone desde el nacimiento hasta la hora de partir a lo desconocido. Es hora de preguntarse si además de alimentar nuestro cuerpo ¿Qué debemos hacer para alimentar nuestra mente y nuestro espíritu? Recuerden lo que decía Jesús: “No solo de pan vive el hombre.” La vida es preciosa y frágil, pero demuestra una increíble capacidad de adaptarse y enfrentarse a los desafíos. Al principio de este escrito comenté: Hay dos clases de muerte. Es el momento de preguntarse ¿Cuántas clases de vida existen? ¿Cómo la estoy enfrentando? ¿Tengo las herramientas necesarias para hacerlo? De nuevo repito en este punto: El amor debe ser una constante para enfrentar la vida o la muerte.