
Rebelde

Una mujer reflexiona sobre el peso de ser la "rebelde" familiar, marcada por expectativas y juicios. Describe la contradicción de su rol y la soledad que conlleva.
Por Olga Leonor Hernández Bustamante “Lo que pasa Olga es que yo siento que muchas de las cosas que he hecho o he decidido en mi vida las he elegido con esta sensación de estar perseguida por las palabras de mi familia. Soy la problemática, la rebelde, la que habla sin pelos en la lengua, la que canta y pone a cantar a los demás, la que divierte, pero también la que reta y confronta. Es muy confuso esto de ser la mayor bendición y el mayor problema al mismo tiempo. Si, yo era la que salía de fiesta con mis amigos, pero también la que iba a la empresa de agua a resolver un problema con el recibo del mes. Era la que discutía con los tíos o primos que se sentaban a ser atendidos y a esperar que les trajeran a la mesa o la silla hasta el agua, pero también la que acompañaba a la abuela al médico y la dejaba sentadita comiéndose un helado mientras yo hacia la fila para reclamar los medicamentos. Pero lo triste es que siguen pensando que soy la rebelde de la casa… soy, si me permites la expresión contradictoria la rebelde más juiciosa de todas, la que cumplió el deseo de la abuela de casarse por la iglesia, ninguna de las otras hermanas o primas lo hizo, pero ellas no cargan con el rotulo de la oveja negra. ¿Te imaginas donde hubiera sido yo la que se hubiera embarazado estando en la universidad? ¿O que hubiera sido yo la que tenía varios novios al mismo tiempo? No, yo nunca hice nada de eso, mi supuesta rebeldía era no la oposición a las reglas y las normas de la casa, sino esa incapacidad mía para callarme la boca y no opinar cuando no estoy de acuerdo con algo; mi rebeldía era siempre decir lo que pensaba, con fuerza auténtica, pero en realidad siempre me sometí a las reglas que me establecían. Y creo la verdad, que lo hice con mucho de autosacrificio, intentando expiar la culpa permanente de creer que yo era la mala e inadecuada. Es cómo paradójico ¿No? Ser la que habla y problematiza, porque eso nunca lo he dejado, pero sentir por dentro este atragantamiento. Yo, en mi vida, hubiera tomado decisiones distintas, pero la culpa y el miedo a ser señalada ¿Si ve? ¡Qué más se podía esperar de ella si siempre ha sido la rebelde! Me frenan y me asfixian. Nadie sabe todo lo que he aguantado, los maltratos que he vivido, las veces que he llorado, y nada de eso lo digo porque siento que no tengo derecho a hacerlo y que tal vez no me van a sostener ¡Seguro usted se lo buscó! Va a ser la posible respuesta y no quiero que me hieran más, entonces escondo mis heridas para que no se mezclen con este dolor viejo de ser la señalada siempre. Nadie sabe la soledad que se genera al tener este rotulo en la frente. Nadie sabe las cargas que las ovejas negras cargamos, nadie sabe lo obedientes que somos, las que en apariencia siempre llevamos la contraria".