
Razones para la esperanza

Las noticias hablan de conflictos, divisiones y problemas que parecen no tener salida. Es lógico sentir pesimismo ante un futuro incierto, por lo cual muchos terminan viviendo con miedo, resignación o indiferencia.
Por Selma Samur de Heenan Las noticias hablan de conflictos, divisiones y problemas que parecen no tener salida. Es lógico sentir pesimismo ante un futuro incierto, por lo cual muchos terminan viviendo con miedo, resignación o indiferencia. La historia humana está llena de momentos en los que, contra toda expectativa, se vislumbró un sendero inesperado. El pueblo de Israel al escapar del cautiverio en Egipto se vio acorralado entre el ejército del faraón y el mar, pero encontró una opción donde parecía imposible. El niño nacido en un pesebre que cambió para siempre el rumbo de la humanidad. Un pescador sin estudios, temeroso y frágil, que llegó a ser columna de la comunidad más grande que ha existido. También en tiempos recientes hay huellas de esa mano invisible que conduce los acontecimientos. La caída del Muro de Berlín mostró que lo aparentemente inviable también puede suceder. Y más cerca encontramos milagros que renuevan la fe. Cada familia tiene testimonios que no caben en una estadística: una enfermedad que parecía definitiva y dio paso a una recuperación; una relación rota que encontró la paz y la unión; alguien en adicciones que logró hacerse libre de esa esclavitud; una familia o una empresa que, en medio de una crisis económica, vio cómo la Providencia abría puertas abiertas donde todos parecían cerradas. También hay quienes, tras una vida marcada por el pecado, el error y el vacío existencial, experimentan una conversión tan profunda que solo puede explicarse por la gracia divina. Lo que parecía inalcanzable se convierte en un nuevo comienzo, porque para el Señor nada es imposible. Su poder transformador puede restaurarlo todo, aun aquello que se creía perdido para siempre. La fe cristiana ilumina nuestro horizonte con la certeza de que el Creador no abandona su obra. Aunque los titulares parezcan anunciar solo derrotas, quienes le aman avanzan hacia un destino que Él conduce con paciencia. Por eso, la confianza en el Altísimo es la fuerza que sostiene a quienes se atreven a creer que el mal no tendrá la última palabra. En tiempos de cansancio colectivo o individual, el acto más valiente es seguir confiando. Quien se apoya en el Señor descubre que la vida adquiere sentido, incluso en medio de la adversidad. Esa certeza, lejos de ser un sueño, hace realidad la promesa de que Dios nos responde cuando nadie más lo hace.