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Opinión

Quiero ir al festival

Raymond Gomes-Cásseres
Raymond Gomes-Cásseres
Columnista
2 de mayo de 2025

El anhelo de conocer la tierra vallenata impulsa al autor, que, a través de la música, ha recorrido sus paisajes. El Festival Vallenato es su meta, alimentada por la obra de sus compositores.

Por Raymond Gomes-Cásseres La mayoría de los seres humanos tenemos propósitos, metas, que cumplir en la vida. Esas metas cuando llegamos al otoño de nuestra vida se vuelven prioritarias y son las que nos dan entusiasmo para seguir luchando en medio de inmensas dificultades. Unos aspiran antes de morirse ir a Europa, otros al Medio Oriente, otros al África; conocer Grecia o Estambul, Paris o Moscú, es el anhelo de muchos. Hay también   quienes no les gusta viajar, salir de su tierra, como es el caso de William Faulkner, el escritor norteamericano que prefirió retratar en sus obras los paisajes y vivencias de su tierra pues nunca sintió la necesidad de viajar. En mi caso mis metas son más modestas y realizables, aunque hasta ahora no las he podido cumplir, pero no pierdo las esperanzas de hacerlo en estos dos años que vienen. Una de ellas es asistir al Festival Vallenato, o mejor conocer las tierras vallenatas y guajiras. Tierras que ya me parece conocer a través de las canciones de sus compositores más relevantes: Rafael Escalona, Freddy Molina, Octavio Daza, Leandro Díaz, José Alfonso “Chiche” Maestre, Gustavo Gutiérrez, Rosendo Romero, Marciano Martínez, Sergio Moya Molina, Máximo Movil. Conozco a través de la obra de Freddy Molina a Patillal y sus alrededores. He estado en muchas tardes de agosto en los extensos playones que rodean a esta población elevando cometas y pidiéndole con la fe de un niño a San Lorenzo que envíe brisas para poder remontar mi cometa, mi barrilete. He estado en las aguas del río Guatapurí retándolo con la única fuerza de mi amor. He estado a través de la obra de Octavio Daza, en un crepúsculo, al pie del río Badillo, diciéndole a una mujer en el oído que a pesar de la llegada de la noche no tuviera miedo pues allí estaba la luna detrás del cerro para defendernos con su luz. He estado en una noche de luna, ayudado por el encanto de ese río convenciendo a una mujer para que se quedara conmigo allí y me dejara hacerle el amor. He estado comparando las delicias de esa noche de amor con la belleza de las mariposas y el cantar de los pajaritos y el turpial al salir el sol. He estado a través de la obra de Rafael Escalona, en Valledupar, en el Colegio Loperena, cantándole al profesor Castañeda, diciéndole cuanto lo quieren sus alumnos, y a una morenita de 16 años llamada Genoveva Manjarrés Meza, que no llorara por mi partida en la madrugada hacia el Liceo Celedón de Santa Marta. He estado en Plato y en El Molino, apasionado por una de sus hijas; he visitado La Paz, preguntándole a los amigos por Miguel Canales, ex condiscípulo que dicen que en la montaña está perdido.