
Querer y Deber

Durante 30 años, la autora priorizó su voluntad sobre la divina. Un nuevo llamado la llevó a priorizar el amor a Dios y la paz interior, guiando sus decisiones.
Por Selma Samur de Heenan Por casi tres décadas pretendí hacer mi voluntad y no la de Dios. En todo ese tiempo no tuve claros los parámetros que necesitaba tener en cuenta para tomar decisiones sabias que fueran las correctas, y que representaran un real bienestar, no solo para mí, sino lo más importante, para quienes amaba y me rodeaban. Cuando no tenemos a la Divina voluntad como norte, ponemos el querer humano por delante y actuamos de manera ególatra, creyendo que es correcto o justo elegir hacer lo que nos gusta y ofrece mayores retribuciones, al menor costo personal. En aquellos días, pensar en el valor del sacrificio por amor o renunciar a lo que yo quería, era bastante improbable. A fin de cuentas, si el mundo nos vende la falsa idea de que solo tenemos una vida; y no la podemos desperdiciar asumiéndola sanamente, porque supuestamente se nos ha dado para gozar y ser feliz, entonces es claro que se hace complejo transitarla con los ojos puestos en la certeza de una vida eterna, para la que se hace recomendable optar por una temprana preparación terrenal, practicando las virtudes y bienaventuranzas como pasaporte infalible. En medio de aquella ceguera espiritual, recibí un nuevo llamado de Dios. Vino en forma de una prueba que al principio me causó mucha incertidumbre, despejada con la ayuda del Espíritu Santo, que me permitió reconocer que en cada dificultad existe un bendito propósito que pretende un bien mayor. Aceptando que necesitaba un cambio drástico en mi relación con Dios, fue que inicié otra etapa del camino, en la que lo fundamental y prioritario es amarlo sobre todas las cosas; buscar lo que Él quiere y no lo que a mí me place; saber que nada es superior que sentir la paz del corazón, y que por eso, es el bien más preciado que necesito cuidar, incluso más que a la salud del cuerpo. Actuar en todo conforme al deber ser, pensando en lo que genera bienestar, es la verdadera buena elección, aunque temamos que de esa manera no obtendremos las gratificaciones ambiguas y transitorias con las que soñamos. Ante la duda de qué hacer entre lo que quiero o lo que debo, sopesemos la paz o la intranquilidad que llegamos a sentir, como una buena e inequívoca señal de lo que es correcto o incorrecto.