
¿Qué nos espera?

Una pandemia silenciosa se apoderó de la vida diaria, incluyendo todos los rincones de nuestra existencia. Es imposible describirla con nitidez porque es una sumatoria de desorden, incongruencia, aceleración, falsedad y miedo, creado por la falta de filtros.
Por Olga Lucia Bustamante Madrid Una pandemia silenciosa se apoderó de la vida diaria, incluyendo todos los rincones de nuestra existencia. Es imposible describirla con nitidez porque es una sumatoria de desorden, incongruencia, aceleración, falsedad y miedo, creado por la falta de filtros. Es una verdadera pandemia social lo que hoy experimentamos. El virus del COVID ataca el cuerpo, el virus al que me refiero controla todo: orgánico, mental, espiritual, social, ético, económico, cada uno dice y hace lo que quiere, sin respeto ni límite alguno. Las noticias dan por muerto a fulanito, que en la realidad sigue vivo. Importan los likes y los comentarios, porque se monetizan. La publicidad engañosa vende sin importar las consecuencias. ReelTikToKX… aconsejan y dan por sentado cualquier exabrupto. Tragamos entero, corremos de un lado para otro, llenos estrés, para cumplir las expectativas de un mundo al revés. Se produce polarizaciones mentales, porque se asumen temas y posiciones ajenas sin digerir. Se prioriza la interacción, antes que la veracidad y la coherencia. Hacen viral la calumnia, la inexactitud, la superchería, las necesidades inexistentes. Y como cualquier virus, muta, y cada uno va agregando su pedacito, creándose una bola de nieve imparable. Cuando viene la rectificación, está tan extendida, que no cumple su objetivo, quedándose establecida la mentira como semilla. Dónde está el pensamiento crítico para discernir entre lo real y lo absurdo, entre veracidad o ficción. Es una plaga incontrolable la desinformación. Esta mecánica absurda le interesa a quienes buscan dominación de masas, consumismo, y fortalecimiento de la pobreza ideológica, mental y social. Es una estrategia para conservar el poder dominante. Concienzudamente alimentan el inconformismo y el disentimiento. Les interesa la división y el desorden. Dentro de un frasco colocaron hormigas rojas y negras con alimento, convivieron sin complicaciones, en un estado de calma. Cuando agitaron la botella se formó el caos, se sintieron amenazadas y comenzaron a matarse entre ellas. Fue el final del hormiguero. Así nos están controlando. ¿Dónde quedó el sentido crítico, el entendimiento? La niñez está siendo contaminada desde muy ligero, ante la incapacidad de los padres de detener las comunicaciones desbordadas, de apagar los aparatos, de expresar afecto, de interactuar jugando, riéndose, soñando. Las implicaciones apenas comienzan a verse. ¿Qué nos espera? Tal parece que la falta de control a las nuevas herramientas de comunicación, de nuevo nos sacará del paraíso que supuestamente estamos viviendo con la IA.