
Que difícil

Que difícil debe ser, ser esa persona que elige el miedo y la soledad en vez de tomar decisiones. Ser esa persona que sabe lo que le pasa, lo que tiene que hacer, lo que le falta, lo que le sobra y aun así decide quedarse viviendo de esa manera.
Que difícil debe ser, ser esa persona que elige el miedo y la soledad en vez de tomar decisiones. Ser esa persona que sabe lo que le pasa, lo que tiene que hacer, lo que le falta, lo que le sobra y aun así decide quedarse viviendo de esa manera. Que difícil ir construyendo piedra a piedra una imagen deteriorada de uno mismo, identificarse con las propias debilidades y la forma en que los demás se aprovechan de las mismas. Que pesado vivir bajo la convicción de no tener la fuerza o quizá la valentía de moverse en dirección a lo que se desea, despertándose todos los días ocupando un espacio cada vez más reducido porque todo está invadido por la impotencia y la imposibilidad. Que triste ser esa persona que carga el peso del mundo, pero cree que no tiene la fuerza para levantarse a sí mismo. Que difícil debe ser, ser esa persona que complace a todo el mundo aún a costa de sí misma. Que vive internamente una batalla entre lo que desea y lo que siente que debería hacer para obtener la mirada de aceptación de los demás. Que duro vivir categorizando el mundo y las propias acciones entre lo bueno y lo malo, atendiendo todo el tiempo los gestos y actitudes de los otros para ver si existe alguna amenaza que sea necesario eliminar. Que difícil acostarse en las noches y que lagrimas de puro cansancio inunden los ojos, porque nunca basta ni bastará, nunca será suficiente nada, todo se lo traga el ego, como en un agujero negro donde la densidad es tal que nada, ni siquiera la luz, puede escapar. Que difícil debe ser, ser esa persona que juega a ser el salvador o la víctima. El uno, el salvador, en un sobre esfuerzo permanente por liberar a todos del peso y hacerles la vida más liviana, solo para recibir una mirada rápida de agradecimiento y con ello un poco de poder. La otra, la víctima, sembrada en la queja, la desesperanza, la impotencia y la quietud. Esperando que los demás hagan por ella lo que ellos no harían ni por ellos mismos ni por nadie. El uno volcado hacia afuera, el otro escondido adentro. Que difícil debe ser, sentirse arrastrado por la vida, con toda la energía consumida en el esfuerzo por mantenerse a flote, sin sentir la posibilidad de poder tomar decisiones o elegir cambiar el rumbo. Que difícil estar convencido de la propia incapacidad de transformar la vida y que lo poco que se decide sea mantenerse en la lucha por no hundirse en vez de esforzarse por cambiar las circunstancias que lo mantienen en vilo, colgado de las manos de otros, siendo una marioneta de la vida y no atreverse a cortar los hilos por miedo al golpe de realidad que se tendría al caer. Que difícil elegir una existencia inauténtica y seguir escribiendo de esa manera el libreto de la propia historia.