
Qué debemos aprender

El aprendizaje es infinito, pero hay conocimientos esenciales para la supervivencia y la convivencia humana. La neurociencia y la sabiduría ancestral ofrecen claves para la autorreflexión y el bienestar.
Por Olga Lucía Bustamante Madrid Son infinitas las posibilidades de aprendizaje, y ninguna es inferior a otra. Quien tiene una granja deberá aprender sobre diversidad de cultivos, nutrientes, cría de animales de corral, productos derivados,… Estos conocimientos son innecesarios para quien es arquitecto, médico, ingeniero, sociólogo, marinero, cocinero, etc. Pero, existen unas premisas comunes sin importar donde nacimos, la edad que tenemos, la cultura a la cual pertenecemos, el idioma que hablamos. Todos sentimos y reconocemos la diferencia entre afecto y rechazo. Distinguimos la influencia de la luz y la oscuridad, en las emociones personales. Percibimos los contrastes entre cómodo y molesto. Sabemos cuándo dormir o comer. Echamos de menos la salud cuando está perdida. Lloramos los fracasos, y celebramos los triunfos. Unos aprendizajes son parte de un conocimiento inducido para satisfacer necesidades y encontrar soluciones a problemas. Los segundos son aprendizajes para la supervivencia y la convivencia. Sin ellos sería imposible el autocuidado y las relaciones humanas. Es la naturaleza la mejor muestra de lo útil e indispensable. Lo que hacemos en muchas ocasiones es innecesario y solo responde a egocentrismos, caprichos, y competencia de egos inflados. Si fuéramos mejores observadores descubriríamos lo intrascendente de infinidad de requerimientos inventados que nos complican el día a día. Exigencias como: porque se usa… fulanito lo compró… es de marca tal… es lo último en la moda… Son pesos agregados y fútiles. En la actualidad la neurociencia y la psicología, han comenzado a darnos respuestas a muchos porqués. Con métodos que replantean nuestra manera de sentir y de relacionarnos, siendo de gran ayuda para el manejo adecuado de las emociones, cuando estos vienen de fuentes profesionales, coherentes y referenciadas. Pero la humanidad no nació ayer. El discernimiento y la claridad nacen de una fuente espiritual que siempre ha impulsado y abierto caminos, -por milenios- , permitiendo la evolución de la especie, desde la sabiduría del ser interior. Cada hombre y mujer creados, fueron pensantes y sintientes, desde sus inicios, intuían lo conveniente e inconveniente. Auto observarse, fue tomando forma, como clave, para el crecimiento del ser humano. Muchas de las respuestas que buscamos la encontraríamos, si solo supiéramos mirar con los ojos del corazón. Alguna vez leí una frase de un Mamo de la Sierra Nevada. “Que ironía que los hombres gasten tanto dinero tratando de llegar a las estrellas, cuando esto se consigue con solo cerrar los ojos. “