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Opinión

Primero de noviembre

Selma Samur de Heenan
Selma Samur de Heenan
Columnista
27 de octubre de 2024

El 1 de noviembre, la Iglesia celebra el Día de Todos los Santos, honrando a quienes alcanzaron la santidad. Reflexiona sobre la invitación divina a ser santos ante la creciente festividad pagana.

Por Selma Samur de Heenan Para el próximo viernes primero de noviembre, la Iglesia universal celebra el día de todos los santos, haciendo un homenaje a quienes han transitado por el camino de la santidad hasta llegar a la meta que es el Cielo, donde se congrega el selecto grupo denominado “la comunión de todos los santos” a la que, los hijos de Dios estamos llamados a pertenecer, cumpliendo previamente con el requisito indispensable de llegar con vestidos de un color blanco impecable, lo que no resulta tan fácil de lograr, porque la gran mayoría requiere pasar por un proceso de limpieza llamado purificación, que se inicia con la etapa del arrepentimiento o conversión, pasa a la del propósito de enmienda y concluye con la de reparación. Ese recorrido es preferible llevarlo a cabo en la tierra, porque se torna más sencillo que cuando se espera para desarrollarlo en el purgatorio. Por tal motivo, aprovecho la ocasión de esta próxima festividad para sugerirles que reflexionen sobre la invitación que nos hace Dios, y la acepten sin dudarlo: “Sean Santos como Yo soy santo” 1ª de Pedro 1,16. A muchos les resultará sorpresivo que en cinco días tengamos una celebración tan importante, y que se le dé mayor publicidad a la del día anterior que representa todo lo contrario. Sabemos que, con muchísima anticipación, los representantes del ocultismo y del comercio en general, se preparan para la fiesta insigne del paganismo satánico, ideando disfraces macabros y decorando sus instalaciones con figuras y objetos realmente espantosos, como si fueran hermosos e inspiradores. Es alarmante constatar que se logre un consenso mundial de esas dimensiones para patrocinar una fecha en la que se perpetúan tantos crímenes, principalmente de niños. Ante este tema, hay personas que pecan por ingenuas, y otras por tercas, porque a pesar de las evidencias y estadísticas, se empeñan en ver aspectos buenos donde realmente no los hay, o justifican con argumentos pueriles lo que debería ser injustificable. De quienes viven a espaldas de la fe, se puede esperar que llenen sus vacíos espirituales con cualquier tipo de cosas o practicas esotéricas, pero los cristianos que hacen caso omiso del Evangelio, para unirse a quienes subliman las fuerzas del mal, no tienen ninguna excusa, ya que mucho se les ha dado y así mismo se les exigirá.