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Opinión

Posición en la OEA, condenable

Ismael Guerra de la Ossa
Ismael Guerra de la Ossa
Columnista
12 de agosto de 2024

Las elecciones presidenciales en Venezuela, con Maduro como ganador, fueron un "robo descarado", según el autor. El CNE guarda silencio, y la OEA no emitió una resolución.

Por Ismael Guerra de la Ossa No creo que en la historia política universal se haya presentado un robo tan descarado de unas elecciones presidenciales como el ocurrido en Venezuela el pasado 28 de julio. Fue de tal magnitud el tamaño del raterismo que el Consejo Nacional Electoral (CNE) de ese país ni siquiera ha podido decir algo que por lo menos demuestre, así sea de manera ficticia y mentirosa, que los resultados que divulgó, dando ganador al dictador Maduro, no fueron producto de un asqueroso latrocinio. Ciertamente, da asco lo sucedido en el vecino país. Y lo peor es que regímenes izquierdistas como el de Colombia, hayan impedido con su abstención, que la Organización de Estados Americanos (OEA) expidiese una resolución exigiendo al CNE que dé a conocer las actas en que se basó para declarar triunfante a Maduro. Claro, ese pronunciamiento no era vinculante, pero hubiese contribuido también a la condena mundial que merece el poder electoral de Venezuela. Es que lo mínimo que puede hacer un organismo que tiene a su cargo unas elecciones es decir de dónde obtiene las cifras que sustentan los resultados que informa. Ha callado el CNE sobre eso y ese silencio es la más clara comprobación de que lo que comunicó es falso y significa un desvergonzado, innegable e impúdico pillaje a la voluntad del pueblo venezolano. Naturalmente, con lo ocurrido en la OEA quedó muy mal parado el Gobierno Petro pues demostró que las declaraciones previas de su Cancillería pidiendo reconteo de votos, muestra de las actas y transparencia, era un sofisma para simular una postura correcta cuando tras bambalinas lo que se buscaba y sigue buscando es ayudar al dictador Maduro para que continúe en el poder y Venezuela siga sufriendo lo indecible bajo una dictadura cruel, inmisericorde y corrupta. Ahora Petro, Lula y López Obrador, los mandatarios de Colombia, Brasil y Méjico, dicen que están adelantando gestiones dizque para buscar que se resuelva la situación en Venezuela. Lógicamente, lo único que los anima no es lo que dicen sino ayudar a Maduro con el objeto de que este prosiga martirizando y flagelando a su pueblo, esta vez con mayor represión y a sangre y fuego, ardido como está porque ya el 80 % de sus compatriotas le dieron la espalda al régimen en las urnas.