
Por una semana de vida, amor y enseñanza

La figura de Jesucristo, Hijo de Dios, trajo un mensaje de amor, perdón y un reino espiritual. Su legado, aunque profundo, aún desafía la comprensión humana.
Por Olga Lucia Bustamante Madrid La religión católica, narra la existencia de sufrimiento y pasión de un personaje sagrado que se presentó ante el mundo cómo el Hijo de Dios. Esa afirmación le costó mucho dolor, repudio, humillación, y la perdida de la vida física. Pudo anclarse por siempre al corazón de los que supieron escucharlo. Ese era su objetivo y lo logró. “Muchos son los llamados, pocos los escogidos.” Dijo. Trajo una intención clara: Entregar a la humanidad una respuesta a la pregunta ¿Para qué estamos aquí? El Hijo de Dios presentó un Reino no material, no visible pero real, lo llamó paraíso. Qué difícil para quienes lo conocieron, interpretar y aceptar una verdad que no podían entender, asimilar ni explicar. Se refirió al ‘Padre de todos’, inmortal. Teníamos un Padre no terrenal, pero muchos no lo sabían. Un ser grande sabio con poder y grandeza infinita. No moría, porque poseía una existencia más allá de lo material. Creador, inalienable e indestructible. Mostró el amor como la esencia y la razón de ser de cada persona, y de la naturaleza misma. Sin él, no podía generarse vida. Existimos por poseer en sí mismos la presencia viva del amor divino. No es un simple sentimiento. Es el halo de vida que sostiene. Reveló ese amor como un camino por recorrer desde el corazón, el alma y la mente. “Amarás al señor tu Dios y a tu prójimo como a ti mismo.” Recordó que el Padre Creador, con sus hijos creados, formamos una unidad, sin distingos. Parte de su obra, porque somos vida. Somos una de los miles de paletas que usa Dios para materializarse. Aclaró que el perdón y la compasión, son herramientas disponibles en el interior de cada uno, para restaurar el amor cuando este se afecta. Pero… a veces no visualizamos su trasfondo. El Hijo de Dios, trajo soluciones a nuestras limitaciones e ignorancia. Llegó como Maestro de las Leyes Divinas que el personifica. ¿Lo entendimos? ¿Aceptamos sus recomendaciones y razones? Nos quedamos llorando por las injusticias que con Él se cometieron. Más no damos el paso hacia la comprensión, profundización y práctica de sus enseñanzas. ” Yo soy el camino, la verdad y la vida.” Dijo. Significa: Ser huella que guía por la senda correcta. Ser verdad: Reflejar la realidad espiritual a la que pertenecemos. Ser vida: Ser esencia pura, ser amor. Su gran mensaje, aún no lo dimensionamos. Es el gran reto personal.