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Opinión

Por ser visto

Olga Leonor Hernández Bustamante
Olga Leonor Hernández Bustamante
Columnista
12 de octubre de 2024

De ser el "gordito" marginado a conquistar el mundo: la historia de un cambio radical. Un giro inesperado transformó su vida, pero ¿a qué costo? Descubre su lucha.

Por Olga Leonor Hernández Bustamante Era el gordito del colegio. Ese al que le ponían apodos absurdos, del que se burlaban en las clases de educación física, el eterno enamorado de la niña linda del salón, la misma que no lo miraba ni por equivocación. Se había resignado a vivir así, aislado y relegado de algunos lugares sociales, masticando su soledad en silencio, convenciéndose que ese era el deber ser de las cosas. Siendo mimado y sobreprotegido por su familia, quien no tenía idea del malestar que lo habitaba cada mañana cuando salía al colegio. En un giro inesperado de las cosas, su familia cambió de ciudad y la fuerza en él, esa misma que continúa viva a pesar de las más adversas circunstancias, le indicó que esa era su oportunidad. Se dijo a si mismo que no iba a ser más objeto de burlas, que iba a hacer parte de la gente cool de ese nuevo lugar. Se impuso tener nuevos y mejores amigos, y ¿por qué no? Una novia, ojalá la más linda de todas las que pudiera conocer. Su plan funcionó a la perfección. Se convirtió en el recién llegado al barrio amigo de todos, hablador, conversador y hasta bailador. Era a quien le tocaban la puerta para que saliera a jugar, quien hacia negocios y ganaba dinero, con quien las niñas lindas querían ser vistas. Su plan era maravilloso, excepto por un pequeño detalle: se sostenía en el miedo a ser rechazado. Como tenia miedo a ser rechazado, se convirtió en aquel a quien las demás personas podían elegir. Como tenia miedo a estar solo, se convirtió en alguien lleno de planes y una agenda repleta. Como tenia miedo a que se burlaran de él, se impuso nunca equivocarse. Como tenia miedo de fallar, dedujo que sus emociones le podían jugar una mala pasada y empezó a racionalizar de forma permanente, escudriñando todo lo que le pasaba, encontrando explicaciones a sus reacciones desde la lógica, bajándole volumen al corazón. No se había dado cuenta que ese miedo lo habitaba y que justamente por eso sus relaciones de pareja no funcionaban. Tenia una necesidad enorme de ser recibido y aceptado y al mismo tiempo de ser descubierto en sus fallas y miedos. Tal vez por eso escogía relaciones que se la pusieran difícil, en las que era el conquistador y no el conquistado. Tal vez por eso cuando se descubría amado por la otra persona, empezaba a sentir que con alguien más podría estar mejor. Le huía a la vulnerabilidad que genera el amor, pero deseaba la potencia que da el sentirse amado y aceptado. En esa paradoja se mantenía, yendo y viniendo, cansado de la soledad, de sus emociones y de sí mismo. Esto hemos ido comprendiendo en el camino que hemos recorrido en la terapia. A comprender las trampas que se pone y las exigencias que se impone. Estamos en el camino de aceptar a ese niño que aún lo habita, de dejar de construir su vida en oposición a él para poder, por fin, decidir ser él mismo.