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Opinión

¿Por qué nada nos es suficiente?

Olga Lucía Bustamante Madrid
Olga Lucía Bustamante Madrid
Columnista
18 de julio de 2026

Y me asomé al balcón de mi vida… Entonces fui consciente de ese ir y venir constante, que muchas veces no lleva a ninguna parte, pero otras, abre caminos para traer aprendizajes, respuestas y soluciones. Me percaté de las ilusiones del día a día, las que se hacen realidad y las que se malogran. Me sorprendió ver el sol luminoso que sale para todos con insistencia, aunque lo hallamos vuelto parte del paisaje, y que sin él, sería el final.

Y me asomé al balcón de mi vida… Entonces fui consciente de ese ir y venir constante, que muchas veces no lleva a ninguna parte, pero otras, abre caminos para traer aprendizajes, respuestas y soluciones. Me percaté de las ilusiones del día a día, las que se hacen realidad y las que se malogran. Me sorprendió ver el sol luminoso que sale para todos con insistencia, aunque lo hallamos vuelto parte del paisaje, y que sin él, sería el final. Y me vi rodeada de gentes en encuentros casuales, que cargaban con sus propias historias. Unas emanaban luz, otras se perdían en su propia oscuridad. Y quise retroceder para conseguir cambiar algunas cosas que no debieron ser, y no pude, el camino solo iba en una dirección. Me sorprendió ver caminantes de la vida que parecían distintos, pero eran tan iguales. Los vi con sus fisonomías diferentes, hablando lenguas que los hacían distantes, vistiendo indumentarias diversas. Pero en el fondo sentían igual, sonreían, se enojaban y soñaban igual. Amaban y odiaban. Sentían hambre y sed. Celebraban triunfos y derrotas. Todos conocían la salud y la enfermedad. Celebraban la llegada de nuevos miembros y despedían a los que habían terminado su recorrido terrenal. Unos se elogiaban entre sí, otros se convertían en obstáculo, creando murallas insalvables. Entre ellos solo variaba su lugar de residencia, los conocimientos y posesiones, los cargos que ejercían, sus números de identidad, de contacto, y…la marca de sus vehículos. Las costumbres obedecían a oportunidades y modelos familiares. En este tema unos con muy poco escalaban en la búsqueda de mejores circunstancias, enfrentando duras jornadas de esfuerzo y cansancio. Otros con abundancia y poderío se desplomaban en inmensos abismos, desaprovechando los beneficios otorgados por el destino. Entonces miré hacia el mar, y lo vi como morada de muchas especies que disfrutaban de sus riquezas. Y sentí la brisa que llegaba sin límites y en abundancia para cubrir las necesidades de todo ser viviente. Y me entibio el sol que llegaba a mitigar el frio, a dar energía, a nutrir la naturaleza. Y me pregunte: ¿Por qué nada nos es suficiente?