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Opinión

Por nuestro país

Édgar Arrieta González
Édgar Arrieta González
Columnista
29 de abril de 2025

La injusticia social en Colombia clama por soluciones. La pobreza, la falta de oportunidades y la marginalidad exigen políticas que transformen la vida de los más vulnerables, según el análisis.

Por Édgar Arrieta González En nuestro medio encontramos situaciones cuya injusticia clama al cielo, cuando en nuestras comunidades, las más vulneradas faltan de lo necesario para vivir en total dependencia que les impide toda iniciativa y responsabilidad, de igual manera de toda posibilidad de promoverse culturalmente y de participación en la vida social y política. Es grande la tentación en estos sectores rechazar con violencia tan graves injurias contra la dignidad humana, de allí las pandillas en los barrios, jóvenes de ambos sexos vinculados a grupos armados ilegales y trafico de estupefacientes, prostitución infantil y adulta, en fin, una serie de respuestas ilícitas ante la situación en que viven con sus familias. Es por ello la necesidad de implantar políticas sociales para contrarrestar esta descomposición social que reina en los Departamentos de nuestra Colombia, ya que estamos sufriendo un proceso de transformación social en que los sectores populares copan cada vez más el aspecto de la estructura social en nuestro país. Esperamos del  Presidente elegido asuma  compromisos y soluciones ya que  el problema es social y la solución tiene que darse en ese plano colectivo, pues, no se trata simplemente de salvar individuos sino transformar nuestro modo de vida, ya que el país, reconozcámoslo, sigue siendo excluyente, con alarmantes niveles de pobreza y marginalidad; una Colombia en que la mayoría de sus habitantes afrontan dificultades en términos de derechos y que no logra satisfacer las necesidades básicas. Tengamos en cuenta que en nuestros departamentos, los más pobres, existen altos niveles de desempleo y subempleo, condiciones precarias de habitabilidad, bajas coberturas en salud, educación, servicios públicos y recreación, déficit en espacios públicos, niños(as) que diariamente se mueren por desnutrición, falta de fuentes de trabajo, vías terciarias en condiciones lastimosas lo que impide al campesino transportar sus productos, niños(as) de escuelas rurales que tienen que caminar horas para llegar a ellas y tantas necesidades más. Es lo que queremos se tenga en cuenta ya que ha habido una ruptura con la realidad histórica y social, la quiebra de solidaridad del hombre, por ello, debemos insistir porque el presidente y el Congreso de la República se identifiquen con quienes sufren en primer lugar el precio de la opresión y que  proyecten mucho mas a nuestro desangrado país y sus departamentos como una Colombia con prosperidad, equidad social y dignidad, donde todos nos sintamos orgullosos de ser colombianos y se acabe tanta polarización politiquera, violencia y corrupción. Dios nos ilumine.