
Por el Bienestar Estudiantil

La crisis de valores impacta a estudiantes. Violencia, drogas y corrupción exigen una nueva ética ciudadana. Es vital formar jóvenes democráticos y fomentar la paz en las aulas.
Por Édgar Arrieta González La situación de los estudiantes al interior de las instituciones educativas hoy día es preocupante, partiendo de la crisis que vive el país, consistente en la vivencia de antivalores como la violencia, la corrupción en todos los niveles, la impunidad, la perdida de fe en las instituciones democráticas y el peor de todos los males: la drogadicción y prostitución en niños y niñas que apenas llegan a los 15 años de edad. Es aquí donde debe centrarse la lucha por el bien de la educación, construir una nueva ética ciudadana se hace necesario y urgente para el futuro de nuestra juventud: los estudiantes. Nuestro país necesita de jóvenes con pensamientos democráticos, tolerantes, que reconozcan sus valores y que sean capaces de gestionar no solo su desarrollo individual sino también de la comunidad donde viven. Lo anterior al interior de las instituciones educativas solo es posible si de manera institucional, planeada y concertada se realicen actividades y estrategias en el aula y en la cotidianidad, que permitan formar un nuevo ciudadano. Que la ADES, Secretarías de Educación y Salud Departamental, Policía de Infancia y el ICBF, se apersonaran y planificaran coordinadamente visitas a las instituciones educativas públicas y privadas del departamento, dictando charlas pedagógicas a los estudiantes sobre las consecuencias de la drogadicción. Que los docentes se “roben” 5 o 10 minutos en cada una de sus clases y concienticen a sus alumnos del gran mal que les ocasiona el consumo de sustancias alucinógenas. Compañeros docentes: bien sabemos que el comportamiento de los niños responsabilidad de los padres de familia, pero, debe complementarse en las aulas escolares como muestras de solidaridad y humanismo para bien de sus educandos ya que ellos son el futuro de nuestra región. Construir en los estudiantes una cultura de paz a través de la vivencia de la democracia, el respeto al otro, la tolerancia y solidaridad, aportando lo mejor para resolver la problemática por el cual atraviesa un alto porcentaje de la población estudiantil en estamentos privados y oficiales, reflejada en el consumo y tráfico de estupefacientes, es un deber profesional y moral del docente para de esta manera hacerles más agradable la permanencia en las aulas escolares libres de este destructivo flagelo, moldeando intelectualmente en ellos los hombres del mañana. Directivos y docentes miren a sus estudiantes como si fueran sus hijos. ¡Amén!