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Opinión

Podemos remontar el vuelo

Olga Lucía Bustamante Madrid
Olga Lucía Bustamante Madrid
Columnista
10 de diciembre de 2022

La verdadera grandeza reside en actos justos y sentimientos positivos, no en poder. La humanidad, sumida en guerras, olvida la dignidad. ¿Somos águilas o gallinas?

Por: Olga Lucía Bustamante Madrid. ¿Seremos tan astutos como pretendemos? ¿Qué es ser grande? ¿Alto, poderoso, que se impone y grita, somete y abusa? Eso no es grandeza. Esta se mide en los sentimientos positivos y liberadores que se transmiten en lo cotidiano, en las decisiones justas, en el manejo sensible, en la actitud generosa. Los que hacen historia apoyada en las bajezas humanas, algún día, aunque no sea aquí, sino allá, en el mundo que nos espera después de la partida obligatoria de la que no podemos huir los simples mortales, entenderemos esta verdad.  Somos frágiles cuando el espíritu que nos habita está adormecido, y muy fuertes con el espíritu liberado, fortalecido y nutrido por la presencia del Creador, participando de nuestra vida. Digámosle de corazón: ¡Aquí estoy, reportándome! La raza humana ha tocado fondo. Sucedió lo peor que le puede ocurrir a una sociedad: perder el respeto por sí misma, desconocer y pisotear la dignidad de otros.  No en balde el mundo está atiborrado de guerras y odios. La guerra no existiría si no existieran sentimientos perversos de poder, orgullo, falsa valentía y falso heroísmo. Héroe, no es quien mete un gol. ¡Hasta donde llega nuestra ignorancia!  Ser héroe significa privarse del propio beneficio, no amedrentarse ante la adversidad, actuar en pro de todos. Es vencerse a sí mismo, corregirse, cuestionarse primero que a los demás, es domar los ímpetus de violencia y personalismo, es tender una mano bondadosa al débil, es cambiar la historia propia y de los demás, para bien, nunca para mal. Narró, Antony de Mello: “Un águila organizó su nido en la rama de un frondoso árbol, que se extendía sobre un gallinero. Empolló los huevos, y tres aguiluchos comenzaron sus vidas. Cuando estuvieron fuertes, la mamá Aquila quiso enseñarles a volar. Dos de los aguiluchos aprendieron fácilmente y emprendieron vuelo. El tercer levantó vuelo, pero cayó en el gallinero. Allí se quedó y aprendió a cacaraquear. Miraba para arriba y veía a dos fuertes aguiluchos volar, deseaba ser como ellos, pero no sabía cómo, porque él, creía que era una gallina.” Muchas personas pasan por la vida sin intuir siguiera que pueden remontar el vuelo como el águila.  Cayeron en el gallinero social y se quedaron allí cacaraqueando, atrapados por las apariencias y el qué dirán. Muchas al final de sus vidas ni siguiera podrán reconocer su misión espiritual incumplida. ¿Con quién me identifico? “¡Hombre! Ten confianza, porque la raza de los mortales es de origen divino.” Versos Dorados. Recopilación de sentencias de los discípulos de Pitágoras.