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Opinión

Petro y Pedro Castillo

Monseñor Amaury Medina Blanco
Monseñor Amaury Medina Blanco
Columnista
19 de junio de 2026

El 7 de diciembre de 2022 — durante un mensaje a la nación —, el entonces presidente Pedro Castillo propició un autogolpe de Estado en Perú: disolución del Congreso, un gobierno de emergencia y otras medidas de excepción. Por tal motivo fue destituido y procesado. El Presidente Petro, priorizando la ideología y el victimismo antes que el orden constitucional, lo ha defendido siempre y lo ha presentado a los suyos como “víctima de una persecución política… Lo tumban, entre otras razones, porque es de la Sierra, porque es pobre”.

El 7 de diciembre de 2022 — durante un mensaje a la nación —, el entonces presidente Pedro Castillo propició un autogolpe de Estado en Perú: disolución del Congreso, un gobierno de emergencia y otras medidas de excepción. Por tal motivo fue destituido y procesado. El Presidente Petro, priorizando la ideología y el victimismo antes que el orden constitucional, lo ha defendido siempre y lo ha presentado a los suyos como “víctima de una persecución política… Lo tumban, entre otras razones, porque es de la Sierra, porque es pobre”. Y recién, durante la 2ª vuelta de las elecciones en Perú, volvió sobre el tema mientras en su romanticismo celebraba adelantadamente la victoria no victoria de Roberto Sánchez: “ha sido reivindicado Pedro Castillo por el mismo pueblo del Perú”. La extrema izquierda criolla – cuyo paradigma es el comunismo – tiene tendencias dictatoriales per sé, conquista el poder por vías democráticas y luego distorsiona la democracia a su favor. Por ello, para quienes analizamos el devenir local, nacional, continental y mundial, no nos sorprende que el Presidente Petro minimice la alteración del orden constitucional liderado por el izquierdista Pedro Castillo, pues simplemente muestra su esencia izquierdista. Desde que asumió en 2022 ha denunciado varios supuestos intentos de golpes de Estado o de atentados en su contra propiciados por la derecha, pero ignora el intento público de autogolpe de Castillo. Afirma que fue discriminado por ser pobre, pero olvida que su gobierno discriminó a Francia Márquez, mujer, negra y pobre. En conclusión: a la luz de lo que antecede es legítimo dudar sobre la oportunidad de la continuidad y de la profundización de la ideología petrista en el Palacio de Nariño. ¿Contribuiría el cepedismo con la consolidación del Estado de derecho, la buena gobernanza y la democracia colombiana? Por fortuna nuestra institucionalidad no ha cedido, tenemos 68 años de democracia ininterrumpida. ¡La dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla terminó en 1957! Hace poco el Sr. Carlos Carrillo habría afirmado que de no ganar Cepeda “indudablemente se va a incendiar el país”. Y el Presidente Petro llama “fascistas y mafiosos” a los que no piensan como él. Ambas posturas son dictatoriales, repugnantes, arbitrarias y totalitarias. Lo democrático sería invitar a la nitidez electoral y a la aceptación de los resultados que emerjan de las urnas. ¡No más ideas dictatoriales!