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Opinión

Petro: ¿Dominio unipersonal?

Samuel Morales Turizo
Samuel Morales Turizo
Columnista
23 de diciembre de 2022

El presidente Petro es acusado de caudillismo por centralizar el poder y debilitar instituciones. Abogados denuncian un decreto que atenta contra la separación de poderes, evocando un peligro de anarquía.

Por: Samuel Morales Turizo. El presidente Gustavo Petro es el auténtico caudillo que no le delega funciones a nadie, no confía en sus ministros. El caudillo quiere aparecer en todos los actos públicos, cuando este recorre el país porque solo es él. El caudillo usa siempre un vocablo común, que es la amenaza contra sus conciudadanos. Los abogados de las víctimas de la primera línea señalan que el decreto 2422 vulnerarias el principio de separación de poderes, interfiere en la rama judicial, usurpa al congreso, desnaturaliza el derecho de la manifestación, vulnera a la igualdad y acceso a la justicia. En Colombia los poderes públicos están perdiendo autonomía y ceden frente a poderes facticos de un estado. Petro quiere imitar a los viejos caudillos latinoamericanos: Perón en Argentina, Stroessner en Paraguay. Cuando un gobernante como Petro deja que se deteriore la Rama Judicial, está haciendo un llamado a la anarquía y al caos. El estado debe preservar la tranquilidad ciudadana. La expresión caudillismo se refiere generalmente a cualquier régimen personalista, en donde el poder ejecutivo, está sometido al control inmediato de ese paladín, lo mismo sucede con el congreso, lo tiene maniatado con cuotas burocráticas, para que le aprueben las leyes que le favorezcan y como siempre rodeado de secuaces mediadores.  La mayoría de los caudillos han ganado sus elecciones por mayoría abrumadora, pero después se perpetúan en   el   poder   y   se convierten en tiranos, en donde atropellan las libertades y derechos de los ciudadanos. El caudillismo está en crisis, es decir en vía de extinción, fallecieron Chávez y Fidel Castro. A Correa no lo quieren en Ecuador y en Bolivia Evo Morales fue derrocado por los militares y el pueblo cansado de él, al perpetuarse en el poder. El caudillo dentro de la política es populista, es el que se lleva los logros o los aciertos. A tal punto que el caudillo es temporal, desaparece el líder, se termina el fervor popular. Los estados modernos resultaron ser no tan honestos como pregonaban, sino que se mueven entre bambalinas, rodeados de eminencias grises (consejeros que son adalides y acólitos de los corruptos). Esta práctica, o sea el caudillismo, puede debilitar la democracia e ir hacia el dominio unipersonal.