
Pertenecer

Alguna vez, no recuerdo en qué contexto, Guillermo, un profesor de la maestría dijo: “la fiebre no está en las sábanas”; la fiebre entonces no es la enfermedad, sino un síntoma que indica que el cuerpo está luchando contra una infección o enfermedad subyacente. No hay que eliminar la fiebre, hay que averiguar cuál es el problema que la sostiene.
Alguna vez, no recuerdo en qué contexto, Guillermo, un profesor de la maestría dijo: “la fiebre no está en las sábanas”; la fiebre entonces no es la enfermedad, sino un síntoma que indica que el cuerpo está luchando contra una infección o enfermedad subyacente. No hay que eliminar la fiebre, hay que averiguar cuál es el problema que la sostiene. Somos ese tipo de sociedad que solo acepta lo que no le rasca, lo que no es distinto, lo que no incomoda. Y siempre ha habido y habrá quienes están en el margen, por fuera de la caja, amenazando la estructura. Hoy por hoy esos “nadies” que están siendo visibles son los Therian. Pero es que la fiebre no está en las sábanas. Escuché en algún video en redes a alguien que, caracterizado como un perro, decía sentir que por fin había encontrado su manada. Así que esto se trata, pensé; en alguna medida, de esta búsqueda genuina y natural de pertenecer, de ser visible, de sentir que existen personas que se parecen a mí y que no ando, como una rueda suelta en el mundo. Para pertenecer se hacen muchas cosas, desde ser emo, otaku, estudiar lo que la familia diga, vestirse como el novio exija, consumir lo que los “amigos” consumen, todo para no ser segregado. Hacemos todo lo que podemos y lo que pensamos que es mejor para sobrevivir en este mundo y para completar la tarea de vivir. Mi sorpresa por estar escuchando y leyendo posturas de burla y critica incluso de colegas, se acompaña de cierta certeza de saber que las ganas de ser visto se obtienen así sea siendo objeto de risas. Recuerdo, una paciente hablándome con un profundo dolor de su sensación de ser invisible para los demás, de no importar, de no tener un lugar. Recuerdo que me describía cómo encontró en alguna fila de un trámite a una niña con ropa ancha, maquillaje oscuro y cabello tapándole la cara y se reconoció a sí misma en ella, su sensación de ser profundamente incomprendida, sus ganas de ser vista y el hecho de lograrlo solo siendo criticada, cosa que efectivamente sucedió cuando en un coro “bondadoso” las personas que estaban en el lugar le decían que se vería más bonita si se vestía y se maquillaba distinto. Muchas veces para adaptarnos y encontrar un lugar se buscan formas que no se adaptan a la estructura social ¿No será justo eso lo que se quiere? ¿Salirse de ese lugar que me invisibiliza y me ataca y encontrar uno nuevo, una “manada” a la que pertenezco? Todo lo que se diga acerca de las razones de esta tendencia actual, cae en el reino de los supuestos. He visto de todo: que, si están cansados de lo que significa ser personas, que, si solo quieren llamar la atención, que no quieren ser responsables de lo que significa vivir y crecer, que es una especie de esquizofrenia colectiva, y un largo etc. No sabemos qué es lo que cada uno busca cuando asume algún tipo de comportamiento, lo que sí está claro es que este grupo está siendo visible y eso en sí mismo, puede ser una ganancia “Entre el dolor y la nada, prefiero el dolor” dice William Faulkner.