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Opinión

Pentecostés

Selma Samur de Heenan
Selma Samur de Heenan
Columnista
19 de mayo de 2024

Pentecostés celebra la llegada del Espíritu Santo, prometido por Jesús. Este guía, fortalece y revela la verdad, ofreciendo asistencia ante dudas y desafíos diarios.

Por Selma Samur de Heenan Estamos conmemorando la fiesta de Pentecostés, es decir, ese momento de gracia en que el Espíritu Santo, anunciado por Jesucristo, infundió sus dones y carismas en los Apóstoles, que lo habían estado esperando por nueve días. La tercera persona de la Santísima Trinidad precedió la vida de Jesús a partir de la misma encarnación en la virgen María y durante toda su vida pública. El Espíritu Santo fortaleció y acompañó a Jesucristo, tal como lo podemos constatar en varios episodios narrados en las sagradas escrituras, de los cuales cito sólo tres ejemplos: durante su bautismo en el Jordán; en sus cuarenta días en el desierto, y en su transfiguración en el monte Tabor. Nos resulta lógico concluir que, si Jesús se apoyó en la asistencia divina, con mayor razón sus discípulos la requerían para dar continuidad al anuncio del Reino de los cielos. Está necesidad era evidente, y por eso les dijo: “Ustedes demostrarán que me aman, si cumplen mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que les envíe al Espíritu Santo, para que siempre los ayude y esté con ustedes. Él les enseñará lo que es la verdad” Juan 14,15-17. Debemos concederle al Espíritu Santo la importancia que tiene para nuestras vidas. Él nos ofrece la asistencia necesaria para conocer la verdad que Jesucristo vino a revelar. Además, nos va señalando la voluntad del Padre, y las cosas que sólo muestra a los humildes de corazón. También nos regala la fortaleza para llevar las cruces con firmeza, para asumir el querer de Dios como propio, procurando librarnos de las tentaciones, de la decadencia moral y de la cárcel espiritual en que nos encierra el pecado. Es importante que diariamente recurramos al Espíritu Santo. No podemos dejarlo en el olvido como si fuera un personaje legendario porque son demasiadas las dudas y confusiones que tenemos en nuestro devenir como para prescindir de su dirección. Pensemos, ¿qué hacemos cuando tenemos decisiones importantes por tomar? ¿A quién le consultamos para que, ante nuestras preguntas e inquietudes, nos muestre lo correcto, prudente y sabio? ¿Tal vez a personas igual o peor de confundidas? Oremos: Ven Espíritu Santo a mi vida, Tú eres el Paráclito divino, consuélame, guíame, santifícame, fortaléceme, llena mi corazón encendiendo el fuego de tu amor, ilumina por favor todo mi ser.