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Opinión

Pensamientos de Paz

Selma Samur de Heenan
Selma Samur de Heenan
Columnista
12 de enero de 2025

El inicio del 2025 es una oportunidad para la reflexión y el cambio. Examinar nuestras acciones, dejar atrás lo negativo y avanzar con fe nos abre a nuevas bendiciones y a la voluntad divina.

Por Selma Samur de Heenan Lamentaciones 3, 22-23 afirma que: "Las misericordias del Señor nunca terminan, su bondad no tiene fin; se renuevan cada mañana." Al igual que Dios reaviva su amor hacia nosotros día tras día, el inicio de un nuevo año es un tiempo propicio para revisar nuestras actitudes y elecciones. Esta es la verdadera oportunidad que nos da el comienzo de este 2025. No se trata de hacer propósitos superficiales que se olvidan pronto, sino la disposición interna de cada uno para hacer un examen sincero de su vida, cuando es primordial la honestidad para reconocer qué aspectos de la cotidianidad necesitamos transformar. Reflexionar sobre nuestros actos pasados nos permite encontrar la dirección correcta en los que aún están por venir. Iniciar este primer mes con una mirada crítica, implica hacer un chequeo a nuestras acciones y el impacto que tienen en los demás, para estar conscientes de que siempre podemos corregir lo que no ha estado bien. Después de eso debemos dejar atrás lo que ya pasó, y enfocarnos en tomar el nuevo camino, haciendo los correctivos necesarios. Es muy importante que rechacemos el pesimismo pensando que no hay remedio para las equivocaciones cometidas, y avancemos con fe hacia lo que está por venir. Es cierto que los milagros existen. Pero, para recibirlos, necesitamos propiciar el cambio interior que nos permita reconocerlos y vivirlos plenamente. Porque a veces esperamos que ellos ocurran sin haber hecho el trabajo necesario para recibirlos. Los regalos de Dios llegan cuando abrimos nuestro corazón y nos comprometemos a cambiar de manera genuina. Cada día, cada mes, cada nuevo año es otra ocasión para hacer las cosas de manera correcta. Sin importar las dificultades, lo esencial es el esfuerzo constante por avanzar y crecer en amor, bondad y responsabilidad. Nos sentimos plenos cuando actuamos conforme a lo que sabemos que es justo y verdadero. En este tiempo, hagamos un compromiso sincero con nosotros mismos para buscar la santidad y perfección, siendo más conscientes de la voluntad divina. Marcamos la diferencia, cuando por amor a Dios y a los nuestros, hacemos elecciones valientes y cambios internos que, aunque duelen, se transformarán en grandes bendiciones. "Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice el Señor, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis." Jeremías 29, 11.