
Pedazos de recuerdos

La Semana Santa en la región ha transformado sus costumbres. El luto, la gastronomía y el silencio de antaño contrastan con el ruido y la diversión actuales. El cambio es inevitable.
Por Samuel Morales Turizo Todo cambia en nuestra región, es nostálgico, las épocas pasadas fueron mejores, según expresan nuestros abuelos. Las costumbres se han perdido a través del tempo que ha pasado. La matraca desapareció de las procesiones de la Semana Santa. En aquellos tiempos se guardaba un luto riguroso, que se extendía desde los vestidos hasta los pantys de las mujeres. Por este motivo un campesino moribundo les decía a sus amigos: “si me quieren guardar luto, a mi entierro asistan todas las mujeres del pueblo, pero con moruno negro.” Cuando se aproximaba la Semana Santa, los habitantes de los pueblos, de los departamentos Bolívar, Córdoba y Sucre, compraban el “guandú”, las papayas, las guayabas, el palmito, el ñame, el queso, el bagre, los pescados, las hicoteas y el maíz para preparar los dulces, el mote, los guisos y la chicha. En antaño el jueves santo las abuelas madrugaban a hacer las comidas, ya cuando amanecía no había fogón prendido, todo esto se olvidó. Los dulces se comían y se saboreaban con los dedos de la mano, que era la cuchara irremplazable de la época, servidos en recipientes de totuma. En el pasado en la Semana Mayor, los carros no transitaban por las calles, no se movían ninguna clase de maquinarias, no se bailaba, esperaban el sábado para cantar glorias a las 12:00 de la noche, entonces sí se efectuaban los bailes. En la semana santa de hoy, lo que predomina es el ruido por el volumen de los equipos de sonido, el desorden, los escándalos, la violencia y la inseguridad. Las personas en Semana Santa piensan solo en divertirse, han tomado estos días como una diversión. El jueves y viernes santo hay música permanentemente en todos los rincones. Los colombianos queremos una Semana Santa profundamente humana, llena de reflexión y de sensatez. La evolución siempre ha constituido controversias no solo en el campo religioso, sino en el ámbito científico, ideológico y cultural, pero le ha cambiado la vida a la humanidad. Definitivamente estamos inmersos en el futuro que no se considera lejano, sino que está allí en las horas subsiguientes, Evidentemente razón tenía Heráclito cuando afirmaba: “Lo único estable es el cambio”.