Paz y seguridad
En medio del debate sobre la paz total, surge la pregunta crucial: ¿de qué seguridad hablamos? La corrupción, la impunidad y la falta de oportunidades socavan la verdadera paz social.
Por: Roberto Samur Esguerra. Ahora que se habla de la paz total y de la seguridad de la gente como corolario, cabe preguntar de qué seguridad queremos hablar. Comenzaría uno a vislumbrar ciertos rasgos de paz y seguridad cuando el ciudadano confíe en que sus impuestos están siendo invertidos como la ley manda. Cuando no se discuta el imperio de la ley, los jueces cumplan los términos procesales y no juzguen por amistad o enemistad para no prevaricar; ni por intereses torticeros, para no incurrir en cohecho o concusión. Cuando sus más altas jerarquías actúen con la sobriedad que caracteriza a los magistrados de toga, sin la soterrada intención del enriquecimiento y sin controvertir las decisiones de las otras ramas del poder público, en contravía de nuestra tradición jurídica, sin esperar a que sean los medios los que indiquen a quiénes condenan o absuelven. No pretenderemos hablar de paz y seguridad cuando en las cifras sobre disminución del crimen que manejan las autoridades, no existe correspondencia con la realidad cotidiana. Esa que habla de atracos, asaltos a residencias, asesinatos, violaciones, robos, raponazos y otras conductas típicas que son nuestra diaria tribulanza. No pretenderemos hablarle de paz y seguridad a esa gente de pueblos y campos que debe marchar a sol y agua por las trochas que el invierno dejó, para reiterar que sus viviendas y cultivos fueron arrasados por las corrientes que debieron regularse, ha lustros, con las millonarias inversiones allí efectuadas, pero devoradas por el leviatán de la corrupción. ¿De qué paz y seguridad podemos hablarle al estudiante que egresa de nuestras universidades si su diploma no le permite acceder a una ocupación correspondiente con su esfuerzo? ¿Habrá paz y seguridad cuando alguien toma la fatal decisión de colgarse de las ramas de un tamarindo cómplice, porque no tenía con qué pagar el recibo de la luz? Solo se podrá hablar de paz y seguridad cuando los vecinos vuelvan a saludarse y los gobernantes, en nombre de la República y con la autoridad que les confiere la ley, no le den tregua al crimen, ni toleren connivencias en sus jerarquías y comprendan que el pueblo los eligió para servir, no para servirse. Cuando todos coadyuvemos para eliminar esos factores perturbadores de la convivencia social. Esta que solo se logrará cuando la educación, el empleo, la vivienda, la salud y las oportunidades sean una certeza, no una quimera. Cuando les ganemos la batalla a la explosión demográfica, a las abisales desigualdades, a la injusticia y a la corrupción. Tal vez eso se logre si la ley y la moral hicieran pareja, y si todos aceptamos que “después del juego, el rey y el peón van a la misma caja”. NOTA: El alto gobierno dijo que el ELN tiene la opción de elegir entre la suerte del padre Camilo Torres y la de Pablo Escobar. Si ambos fueron abatidos, ¿cuál es la disyuntiva? NOTA: Contundente la respuesta del Nuevo Siglo al escarnio de Gustavo Bolívar.