
Pataleta

Propongo un movimiento en defensa del derecho a hacer pataleta. Si, pataleta.
Por Olga Leonor Hernández Bustamante Propongo un movimiento en defensa del derecho a hacer pataleta. Si, pataleta. Ese momento en que te gana la sensación de estar desbordada y solo quieres llorar, quejarte un rato, hablar en voz alta sin que las ideas lleven un hilo coherente, admitir que nos contradecimos, que no sabemos qué queremos, ni cómo lo queremos, ni cuándo lo queremos, pero lo queremos y nos enoja no saberlo ni entenderlo. Un movimiento en el que esa exigencia a ser coherente y tener la capacidad de gestionar las emociones todo el tiempo se mande a dormir un rato y podamos aceptar el malestar completo, sin exigirnos aprendizajes, reflexiones y análisis, sin tener que hacer consciencia de cómo me siento y qué sentido puede tener esto con mis historias de vida, solo sentir y ya. Una pataleta donde sea posible admitir frente a mi y los demás que no tengo aún claridades sobre lo que me pasa, pero que evidentemente me pasa algo. Que me siento mal y triste y aburrida por no comprenderlo y aceptar por un momento que eso también está bien. Propongo una defensa de las pataletas como espacio para reconocernos humanos, para sabernos vulnerables, para expresar nuestro hartazgo de tener que ser siempre las personas adultas y responsables. Una pataleta que sea recibida por alguien que, en vez de querer dar soluciones, conecte con el malestar y condimente la frustración que sentimos con frases de empatía. Que sea posible hablar sin coherencia sin que nos corrijan o nos quieran llevar a un análisis que desconecta de la emoción. Una pataleta que se sienta en el cuerpo completo. Ya luego vendrá el momento de observar las sensaciones y empezar a organizar el rompecabezas. Ya luego vendrá el momento de tomar decisiones, hacer renuncias o elecciones, poner límites, tener conversaciones incómodas. Eso vendrá ¿Pero antes? Antes necesitamos conectar con las sensaciones y una buena pataleta podría ser justo lo que necesitamos. Este escrito es posiblemente una pataleta en si mismo. Es una critica a tener que ser siempre coherentes y correctos, a la inundación de información que nos está impidiendo sentir lo que sentimos porque pareciera que lo primero y lo más importante es saber por qué lo sentimos, de dónde viene, de cuál experiencia de la infancia, vinculo toxico o necesidad insatisfecha. No. Primero hay que sentir, sentir completo, con el cuerpo. Un sentir que parece inicialmente sin sentido, una experiencia de incoherencia y sobrecogimiento. Un estado de presencia pura en la emoción que nos permita luego conectar y generar comprensiones. Ya habrá espacio para las decisiones, pero primero tenemos que hacerle pataleta a la exigencia de ser coherentes siempre. Propongo un movimiento en defensa del derecho a hacer pataleta cuando sintamos que sea necesario. Que para ser racionales, conscientes y coherentes, el tiempo nos sobra.