
Pasado mañana

El nuevo año se acerca con promesas de cambio. Reflexiona sobre tus metas para 2025: ¿qué deseas realmente? Deja que la fe guíe tus propósitos para un año transformador.
Por Selma Samur de Heenan En la anterior columna me referí a las distintas oportunidades que se nos presentan según las épocas litúrgicas del año, para hacer cambios profundos en el rumbo que llevamos. Hoy estamos ad portas de una de esas que suelen infundirnos especial fortaleza para hacer ajustes en muchos aspectos de nuestra vida que ameritan tales cambios. Es famosa la lista de intenciones con los buenos propósitos del nuevo año que en la mayoría de las veces se anuncia humorísticamente, porque se ha convertido sólo en una relación de sueños, muchos banales, con poca aplicación en la vida práctica o de escasa utilidad para alcanzar méritos hacia la vida eterna. Miremos dónde estamos parados, y contestémonos algunas preguntas. ¿Qué metas personales aspiramos alcanzar para el 2025? ¿Qué es lo que deseamos: bienes materiales o riquezas espirituales; remplazar los defectos por virtudes o esperar que primero cambien los demás? ¿Recibir mucho amor o poder darlo? ¿Reparar los daños ocasionados a otras personas? ¿Creer que tener más tiempo de vida es adquirir mayor poder o placer? Les propongo mirar la utilidad de nuestros objetivos y que los sometamos a la voluntad de Dios, dejándolos en sus manos porque siendo para bien, contribuirá a que se hagan realidad. Hoy domingo, día del Señor, hablemos de una manera especial con ÉL, y hagamos un balance de lo que abunda en nuestro interior para que sea su Espíritu Santo quien ilumine las verdaderas necesidades que tenemos. Porque no se trata de hacer a la ligera propósitos vanos, sino de materializar aspiraciones hacia lo bueno, puro y perfecto. Mi mejor deseo para todos nosotros es que pasado mañana podamos tomar decisiones importantes y radicales, que nos permitan dejar como cosa del pasado todo lo que ha herido nuestro espíritu, las obras erradas o las decisiones equivocadas, los vicios o pecados, los defectos de carácter y malos hábitos que se manifiestan en los pecados capitales de gula, soberbia, ira, avaricia, envidia, lujuria y pereza. Definitivamente, ya es hora de que, en vez de pensar en dar vueltas a la manzana con maletas para supuestamente viajar, comer doce uvas y ponerse ropa amarilla para garantizar prosperidad, hagamos lo sabio y prudente, cual es agradecer a Dios por todos sus dones, aun aquellos en forma de cruces, y clamar su ayuda para que, con la conciencia iluminada, caminemos en rectitud para un bendecido 2025.