
Participación local en el desarrollo

En las discusiones sobre desarrollo sostenible suele hablarse de inversión, infraestructura y modelos de gobernanza. Sin embargo, hay un componente que continúa siendo subestimado: la participación activa y vinculante de las comunidades locales. La evidencia en distintos territorios del país demuestra que ningún proyecto, por bien diseñado que esté, logra consolidarse si quienes viven en el territorio no son parte de la planeación, la ejecución y, especialmente, de las oportunidades económicas que se derivan de él. La sostenibilidad también es un proceso social.
En las discusiones sobre desarrollo sostenible suele hablarse de inversión, infraestructura y modelos de gobernanza. Sin embargo, hay un componente que continúa siendo subestimado: la participación activa y vinculante de las comunidades locales. La evidencia en distintos territorios del país demuestra que ningún proyecto, por bien diseñado que esté, logra consolidarse si quienes viven en el territorio no son parte de la planeación, la ejecución y, especialmente, de las oportunidades económicas que se derivan de él. La sostenibilidad también es un proceso social. San Benito Abad ofrece un ejemplo ilustrativo. Su iniciativa “La Villa de Colores” busca fortalecer el turismo religioso a partir de la identidad cultural y espiritual del municipio. La propuesta no se limita a intervenir fachadas o embellecer espacios, sino que articula a la comunidad en la creación de rutas, servicios y actividades que conectan la tradición con nuevas oportunidades económicas. Cuando la población reconoce que su historia, su fe y su patrimonio pueden convertirse en motores de desarrollo, el proyecto adquiere legitimidad y capacidad de permanencia. La sostenibilidad, en este caso, surge de la apropiación comunitaria. Bahía Solano, Chocó; también evidencia el valor del conocimiento local. Durante la temporada de ballenas jorobadas, los centros de buceo y las experiencias turísticas funcionan gracias a décadas de convivencia entre la comunidad y su entorno natural. Los habitantes saben cómo proteger a las ballenas, cómo manejar los flujos de visitantes y cómo transformar esa relación en ingresos que fortalecen la economía local. El atractivo turístico no es solo la presencia de los cetáceos, sino la capacidad de la comunidad para gestionar ese patrimonio de manera responsable y con visión de largo plazo. Cartagena, con sus retos y oportunidades, ha sido escenario de reflexiones recientes del Banco Interamericano de Desarrollo. El BID ha insistido en que las comunidades conocen el camino y que su saber debe convertirse en acción. Cuando los barrios participan en la planificación urbana, cuando las organizaciones locales son aliadas en lugar de receptoras pasivas, la ciudad avanza hacia modelos más equitativos y sostenibles. La integración comunitaria es un requisito del desarrollo Por ello, sostengo que el desarrollo sostenible exige reconocer el valor del conocimiento territorial. Implica escuchar, incorporar y corresponsabilizar a quienes viven en los lugares donde se implementan los proyectos. La sostenibilidad se construye con la comunidad, no alrededor de ella.