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Opinión

Paros, ¡hasta la coronilla!

Ismael Guerra de la Ossa
Ismael Guerra de la Ossa
Columnista
9 de junio de 2025

Las constantes marchas y paros en Colombia perjudican a la población, especialmente a los ciudadanos que viven de su trabajo y a estudiantes, generando retrasos y desabastecimiento.

Por Ismael Guerra de la Ossa Ciertamente, la gente está hasta la coronilla con la ola de marchas y paros que se vienen presentando en el país. Ello por la carga de molestias y perjuicios que le ocasionan a la población. Cada vez que esto sucede los que pagan los platos rotos son los colombianos del común que nada tienen que ver con política ni con sindicatos ni con nada de eso. Son personas que viven de su trabajo. La mayoría de ellas si no trabajan no comen ni ellas ni sus familias. Y no las dejan trabajar porque si lo hacen lo más seguro es que sean objeto de los vándalos quienes les destruyen sus puestos donde ejercen su labor y casi siempre los agreden porque no comulgan con su causa perversa e inhumana. Eso sucede siempre durante tales manifestaciones, sobre todo en las grandes ciudades e intermedias también. Otro de los sectores que más resultan golpeados son los estudiantiles, pues se retrasan en su programación pedagógica. Los niños de primaria de los colegios oficiales, por ejemplo, muchos de ellos pobres y desnutridos, y cuya única comida con la que cuentan es la que les proporcionan los Programas de Alimentación Escolar (PAE), durante los días de paros no comen, porque como no pueden asistir a clases no reciben las raciones alimenticias. Y qué decir de los profesores y profesoras que a regañadientes tienen que parar pues de lo contrario se les vienen encima los sindicalistas de Fecode. Estos docentes se ven perjudicados también ya que como tienen que reponer las clases perdidas su período vacacional se les reduce y por ello lo que tenían programado en materia de descanso no lo pueden hacer. En las carreteras filas interminables de camiones se ven atrapados por los bloqueos y casi siempre sus productos se dañan pues son perecederos. Y los pasajeros de buses y busetas por los bloqueos tienen que enfrentarse al calvario de durar horas y hasta días metidos allí sin ni siquiera poder hacer sus necesidades fisiológicas porque no hay dónde ni cómo, sufriendo lo indecible sobre todo las mujeres y los niños. Y qué decir de lo que ocurre en Bogotá con los susodichos paros. Se calcula que durante el pasado paro cerca de 2 millones de habitantes padecieron por los bloqueos a Transmilenio. Y hasta aquí llego porque se me agotó el espacio.