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Opinión

Nuestra fiesta tradicional

Aníbal Paternina Padilla
Aníbal Paternina Padilla
Columnista
15 de enero de 2025

El 20 de enero, Sincelejo celebra con fervor sus fiestas en honor al Dulce Nombre de Jesús, un evento arraigado en tradición, folclore y música.

Por Aníbal Paternina Padilla El 20 de enero es el día más sincelejano de todos los días, grata evocación de Sebastián (Chane) Romero, Arturo García, el Mono Campo, Vicente Urzola, Juancho Perna, y Arturo Cumplido. En este día se vacía toda la tradición sincelejana, porque hace parte y es consustancial en su vida emocional, en su aspecto histórico, y en su folclor que confluye felizmente en la afición por la música alegre, por sus vistosos desfiles, sus cabalgatas, bailes populares, fandangos y por la experta lidia de toros. Para el sincelejano nada es igualable a sus fiestas, del Dulce Nombre de Jesús. De las rancherías más olvidadas, de los más apartados rincones, el indio melancólico teje el sombrero de fibra y el abanico aborigen. Se vuelven los ojos a Sincelejo y los caminos se hinchan de caminantes, de acémilas cargadas de baratijas y artefactos de alfarería y de toda esa miscelanica mercadería que se ofrece en el ancho redondel de la corraleja y se amontona sobre los sardineles en jocosa promiscuidad, entre la llaneza y sencillez de los vendedores. Nuestras fiestas enerinas en honor del Dulce Nombre son el signo de una raza con mezclas diferentes de sangre, pero que, al fundirse en el tiempo y la costumbre, conservan características iguales en el proceso donde el campo y el ambiente crean la fuerza del músculo y expresión de libertad. Entre nosotros el caballo, el toro, y el hombre forman un símbolo tan expresivo, que sería imposible a pintor alguno formar un cuadro de nuestro folclor excluyendo a ninguno de sus factores. Hasta el último día de la fiesta el pueblo está encendido de entusiasmo y el visitante dispuesto a decir hasta luego por poco tiempo. Son los momentos en los que el ritmo monocorde de la gaita incrusta un dejo melancólico en la madrugada de estrellas; La mano presurosa que abrumó el cansancio del festival enerino, lía el bártulo para el regreso del peregrino a la choza lejana dónde al pie de la lumbre contará a su compañera las incidencias y grandezas de la temporada festiva. El detalle será patético, de afortunada descripción, porque en la alforja de sus recuerdos tiene aprisionado el espectáculo tradicional de nuestro pueblo al que también le cantó el maestro Olegario Valverde: “Cuán bello estaba el cielo el día 20 de enero, la fecha memorable, el día más placentero que alegra a Sincelejo la tierra en que nací, y como apreciaba soñando el alma mía, que al par de mis amigos alegre recorría Chacón, Castañeda, Mochila y Chacurí”.