
No todo lo que nace crece

Existen dos etapas opuestas de la vida: nacimiento y vejez. La primera es un estado donde la naciente semilla recibe ‘todo’ desde afuera, nutriendo esa nueva existencia.
Por Olga Lucia Bustamante Madrid Existen dos etapas opuestas de la vida: nacimiento y vejez. La primera es un estado donde la naciente semilla recibe ‘todo’ desde afuera, nutriendo esa nueva existencia. O, por el contrario debilitándola, porque a veces el soporte humano, los padres, o el ambiente que los rodea no son propicios. La ancianidad por el contrario es una etapa donde ‘todo’ ha sido entregado, en la que dejamos huella de un transitar valioso y edificante, o contrariamente, destructor. Que podamos mirar de frente con la cabeza en alto a quienes nos acompañaron, aquellos de quienes algún día fuimos responsables, para celebrar los logros o lo aprendido de los fracasos. Dice un proverbio turco “El que busca un amigo sin defectos se queda sin amigos.” Porque el espíritu que nos habita es la esencia de aquel que nos creó en perfección, no así los pensamientos cargados de la imperfección humana. El nacimiento es la tierra fértil lista para recibir, la senectud la colecta, lo producido. Hay un espacio y un tiempo largo entre el nacer y el morir ¿Cómo utilizo ese espacio/tiempo? Las personas auto observadoras podrán procurar conscientemente direccionar y corregir emociones, decisiones e intenciones, porque una cosa es desearlo y otra intentarlo. Por lo general esperamos que sean los otros los que cambien. Es un desafío personal desmontar aprendizajes equívocos, aprendidos e imitados sin entender muchas veces sus razones. Quitarse capas de malos hábitos no es fácil, pero es posible, si así lo queremos. Es un trabajo arduo pero edificante. Los de temperamento soez, soberbios, egoístas e indisciplinados, verán fluir la existencia entre diversión, reproches y enojo, y al despertar de cada mañana no encontraran nada. Podemos ser vacío o abundancia, ser ejemplo de lo bueno para que otros se animen a intentarlo, o simplemente ser espectadores de la existencia. La naturaleza humana está hecha para fluir hacia donde deseemos, es una decisión personal. Crecer desmontando y cambiando estructuras mentales erradas, es un reto individual. El amor de otros y los buenos deseos pueden acompañarnos pero la acción y los resultados nos pertenecen. Que algún día podamos sentirnos orgullosos de nuestra siembra en ese ser puro puesto en nuestras manos por la creación, y no, tener que desear una segunda oportunidad inexistente. Ojala al final, podamos celebrar que la indiferencia o el desamor no son nuestra cosecha.