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Opinión

No son consejos

Olga Leonor Hernández Bustamante
Olga Leonor Hernández Bustamante
Columnista
21 de septiembre de 2024

En la terapia, evitar caer en un juego de argumentos es crucial. El objetivo no es convencer, sino explorar las intenciones del paciente. ¿Estás en el lugar correcto?

Por Olga Leonor Hernández Bustamante En un momento se me hizo evidente la dinámica en la que llevábamos varios minutos: él diciéndome y defendiendo los motivos para no hacer algo y yo mostrándole las aparentes ventajas para hacerlo. Que fácil que es caer en este tipo de conversaciones; cuando eso pasa deja de ser un verdadero proceso terapéutico y se convierte en un pequeño juego de poderes a ver quién presenta los argumentos más razonables y lógicos para convencer al otro y tener la razón. Es un juego que puede convertirse en interminable y es harina de otro costal: es dar consejos y eso no es psicoterapia. La formación en psicoterapia permite justamente captar este juego de poderes y no seguir jugándolo. La pregunta no es acerca de cómo lo convenzo, sino revisar juntos la intención que está detrás de su necesidad de tener un aliado que le permita continuar con miedo o, visto de otra manera, la pregunta no es quién tiene el argumento ganador, sino clarificar lo que busca, su intención, al protegerse detrás de los argumentos y evitar pasar a la acción. Hace un tiempo una conocida me decía “mi psicólogo la tiene difícil conmigo, si no me da un argumento fuerte, no me hace cambiar de opinión”. Como su terapeuta, seguro en algún momento, en un descuido, me podría haber embarcado en la lucha de argumentos, sin embargo, ese no sería el centro del proceso. El centro es clarificar su intención al ponerse en el lugar donde tiene que ser convencida de algo, la manera que tiene de refugiarse en lo racional, su necesidad de ganar discusiones y estar por encima de lo demás, la forma como se aleja de lo que realmente siente y se refugia en los argumentos… en fin, muchas cosas. Si estas en un proceso de terapia y sales lleno de consejos y de argumentos a favor o en contra de tu posición frente a algo, pero con pocas comprensiones sobre la manera en que afrontas el día a día de tu existencia, tal vez estas en el lugar equivocado. Si quieres solo confirmar si tu punto de vista es correcto o incorrecto no necesitas un terapeuta, necesitas una buena amiga o amigo que te escuche y te diga su opinión sobre lo que sientes, piensas o la manera en que actúas. Si vas a terapia, te invito a que te pongas en disposición de comprender tu experiencia. Tu terapeuta es tu aliado, pero un aliado que clarifica y confronta, que te muestra los juegos que intentas jugar en el vínculo con él, que hace las preguntas adecuadas para que seas un buen observador de ti mismo, que te permite tener las claridades para mirarte a ti mismo de forma más autentica y en esa medida transformar aquello que no te permite vivirte plenamente. La terapia es un espacio transformador, pero no es un juego de poderes. El terapeuta sabe que esta frente al único experto en tu vida: Tu mismo.