
¿No será que no ha sido capaz?

La capacidad de un gobernante se demuestra al superar obstáculos. Petro, con mayorías iniciales en el Congreso, ahora culpa a este por su fracaso, ¿incapacidad?
Por Ismael Guerra de la Ossa La aptitud e idoneidad de un mandatario para gobernar se mide por su capacidad para sortear con éxito las dificultades que se le presenten en el decurso de su mandato. Y estas pueden ser de cualquier tipo, es decir, variopintas e inéditas. No le es dable entonces al gobernante tratar de justificar su fracaso apelando a los obstáculos que haya tenido que afrontar pues, es allí, precisamente, donde el mandatario tiene que sacar su casta y talento para superar los escollos y salir airosos en su obligación constitucional y democrática de ejercer un buen gobierno. Eso de que el Congreso no me ha dejado gobernar no es excusa válida para ningún gobernante, pues si allí no cuenta con las mayorías, lo que tiene es que buscarlas poniendo a prueba su capacidad e inteligencia con el objeto de vencer ese obstáculo. Claro que para ello se requiere una buena dosis de pragmatismo, desprendimiento, generosidad y, sobre todo, de propósitos claros, desprovistos de segundas intenciones y sin cartas por debajo de la mesa. El presidente Petro al comienzo de su mandato contó con unas mayorías en el Congreso que analistas de la política calificaron como una aplanadora. Y fue cierto, tan grande y sólidas eran esas mayorías que le aprobaron al Gobierno Petro hasta una reforma tributaria de 22 billones de pesos, la más cuantiosa que le hayan aprobado a gobierno alguno en nuestro país. Pero, ¿qué pasó? Pues que el presidente Petro en un arranque de sectarismo y de una perfidia ideológica sin parangón en la historia política colombiana, pateó esa coalición mayoritaria que tenía en el Congreso de la República y motivado no se sabe en qué razones, optó por tratar de imponer a la fuerza unas reformas sin acuerdos y sin consensos porque, según él, los congresistas tenían que aprobárselas sin chistar pues siempre ha creído que el Ejecutivo que él preside, está por encima de las demás ramas del poder público y que como tal, todas deben hacer lo que él diga, al mejor estilo de las tiranías y las más oprobiosas dictaduras del mundo. Resultado: como el Senado no se ha arrodillado ni convertido en convidado de piedra del presidente, ahora dice que su fracaso se debe a que no lo dejan gobernar. ¿No será que no ha sido capaz?