
No puedo no poder

“Es que no puedo no poder”, era la creencia que ella se repetía y me repetía una y otra vez. Claro que se puede no poder, es solo que no quieres le dije cayendo en ese momento en la trampa de ser la psicóloga que todo lo sabe, incluso más de lo que sabe el paciente de sí mismo. ¡No, no me entiendes! Respondió mientras tiraba la cabeza hacia atrás y montaba las piernas en uno de los apoyabrazos de la butaca, quedando en cierta forma acunada por la silla, como a un bebé que llevan en brazos.
“Es que no puedo no poder”, era la creencia que ella se repetía y me repetía una y otra vez. Claro que se puede no poder, es solo que no quieres le dije cayendo en ese momento en la trampa de ser la psicóloga que todo lo sabe, incluso más de lo que sabe el paciente de sí mismo. ¡No, no me entiendes! Respondió mientras tiraba la cabeza hacia atrás y montaba las piernas en uno de los apoyabrazos de la butaca, quedando en cierta forma acunada por la silla, como a un bebé que llevan en brazos. Tienes razón, reconocí. Creo que no estoy entendiendo ¿Me puedes dejar comprender cómo es para ti eso de que no puedes no poder? Un enorme suspiro fue el inicio de su respuesta, que me dio con los ojos cerrados, buscando con atención las palabras correctas que tradujeran lo que estaba sintiendo. “Mira, yo sé que no lo quiero hacer, pero no puedo no poder hacerlo. Siempre he sido la que puede. Hay tantas cosas que no se me dan y que no dependen de mi y lo entiendo y me toca aceptarlo porque ajá, me toca. Pero si hay algo que depende de mi no puedo no poder hacerlo, no puedo decidir no hacerlo. Pues, racionalmente sé que si, que uno simplemente puede decir que no y ya, pero no es así para mi, yo no puedo decir que no puedo hacer algo. Lo hago, lo hago así me este muriendo por dentro, así me den ganas de llorar y gritar cada cinco minutos, así la vida se me vaya haciendo pesada de tanto arrastrar esta sensación de tristeza. Yo lo hago porque de no hacerlo ¿qué me queda? Me tiraría en la cama a llorar todo el día, que me vean lo miserable que soy y lo mal que me siento, no, no, no… no puedo dejar que eso pase, no hay forma de que yo pueda no poder”. Hay momentos en la terapia, realmente la gran mayoría, en que lo que se nos reclama no son respuestas, sino comprensión. La necesidad de que alguien por fin comprenda cuál es esa manera de ver las cosas y de verse a sí misma que una persona preserva y protege, a pesar de que en muchos momentos le limite o le haga daño. Debe ser horrible y muy pesado sentir que no puedes no poder y verte casi que en la obligación de arrastrarte a ti misma hacia lugares que no deseas, fue mi respuesta, honesta, por lo demás. De ahí en adelante, no poder no poder aparece con frecuencia en la consulta y gracias a ella identificamos qué aspecto de si misma rechaza cuando se obliga a hacer algo o qué confirma ante sus ojos y los de los demás cuando se obliga a ciertas cosas, buscando la manera de que lo que realmente desea pueda ir apareciendo y que exista poco a poco otra versión de si misma, igual de responsable, pero más auténtica. Nunca fue cuestión de desmentir una idea o mostrarle cómo pensar de una forma la hacia sufrir. El trabajo es comprender para qué necesita sostenerla y acompañar en esa comprensión el proceso de crear una versión de si misma que preserve lo que valora, pero de una forma diferente.