Cargando indicadores...
Sucre Logo
Imagen del artículo
Opinión

No hay nada como la Copa del Mundo

Manuel Cadrazco Martelo
Manuel Cadrazco Martelo
Columnista
8 de julio de 2026

Me desligo por hoy de mi papel de analista de coyuntura nacional y hablaré de algo que me mueve también: El futbol. Hay eventos que logran suspender por un momento las tensiones del día a día, y el Mundial es, sin duda, el más poderoso de todos. No hay como el mundial de futbol: ver partidos todos los días, vivir la intensidad de cada grupo, cada cruce, cada sorpresa. Y si se tiene la oportunidad de asistir, el espectáculo se multiplica, porque en las gradas de los estadios hay historias que no salen en televisión: sueños cumplidos, viajes planeados por años, sacrificios económicos, primeras veces que se vuelven memorias para toda la vida. El futbol, en su versión más pura, está ahí, en esas emociones compartidas entre desconocidos.

Me desligo por hoy de mi papel de analista de coyuntura nacional y hablaré de algo que me mueve también: El futbol. Hay eventos que logran suspender por un momento las tensiones del día a día, y el Mundial es, sin duda, el más poderoso de todos. No hay como el mundial de futbol: ver partidos todos los días, vivir la intensidad de cada grupo, cada cruce, cada sorpresa. Y si se tiene la oportunidad de asistir, el espectáculo se multiplica, porque en las gradas de los estadios hay historias que no salen en televisión: sueños cumplidos, viajes planeados por años, sacrificios económicos, primeras veces que se vuelven memorias para toda la vida. El futbol, en su versión más pura, está ahí, en esas emociones compartidas entre desconocidos. Pero este Mundial también ha tenido sombras. El costo de las entradas ha sido un golpe duro para gran parte de la población, y relegar a tantos aficionados ha sido una de las críticas más fuertes hacia la FIFA. Aun así, y paradójicamente, el torneo está batiendo récords de asistencia. Esto demuestra que, pese a las barreras, el deseo de vivir el Mundial supera casi cualquier obstáculo. Estados Unidos, como sede, ha estado rodeado de polémica. No es un país futbolero en el sentido tradicional, y eso se nota en la logística, en la cultura alrededor del evento y hasta en las restricciones de entrada que han afectado incluso a jugadores, como ocurrió con la selección de Irán y otros casos que han encendido el debate. Aun así, el país ha logrado sostener la magnitud del torneo, aunque no sin tropiezos. Lo que sí reconforta es ver cómo un país se une cuando juega su selección. Esa energía colectiva, ese sentimiento de pertenencia, aparece incluso en lugares donde el futbol no es el deporte dominante. El Mundial tiene esa capacidad de juntar a todos bajo una misma emoción. El futbol es como la vida: intentar y seguir intentándolo. Caer, levantarse, corregir, volver a empezar. Por eso conecta tanto con la gente, porque refleja nuestras propias luchas. Y más allá de la pasión, hay un aspecto que no debe ignorarse: tener infraestructura para el deporte y para eventos de esta magnitud genera retornos económicos inmensos. El Mundial no solo mueve corazones; mueve economías, impulsa ciudades y deja capacidades instaladas que pueden transformar regiones enteras.