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Opinión

No es “normal”

Olga Leonor Hernández Bustamante
Olga Leonor Hernández Bustamante
Columnista
31 de agosto de 2024

La sobrecarga emocional, la represión y el agotamiento se normalizan. Pero la autora advierte: estas conductas no son saludables. Descubre por qué y cómo cambiarlo.

Por Olga Leonor Hernández Bustamante No es “normal” la sobrecarga que sentimos por estar convencidos de que el peso del mundo reposa sobre nuestros hombros, que somos los responsables de que todo marche bien, que si nosotros paramos todo dejaría de funcionar, que solo nosotros tenemos las instrucciones correctas. No es “normal” la convicción de que lo que siento es de alguna manera incorrecto y por tanto lo debo mantener oculto, fuera de la vista mía y de los demás; condenando mis emociones al sótano de las cosas olvidadas y viviendo por tanto una vida inauténtica donde no me permito ser y sentir como realmente soy y me siento. No es “normal” ser fuerte todo el tiempo y estar disponible de manera incondicional para los demás, sin permitirse un espacio para observar la propia vulnerabilidad. No es normal no querer pedir ayuda por miedo a ser visto como una persona débil, sin posibilidad de reducir la carga, de buscar alternativas, de saber que no se está solo. No es “normal” despertar por las mañanas con la misma sensación de agotamiento del día anterior; sintiendo que el sueño no es reparador, que en las noches se activan los miedos y los fantasmas rondan por la cabeza, que parece que estuviéramos corriendo una competencia sin final. No es “normal” sentir que todo es un caos, que no se puede encontrar sentido, que la vida solamente es pesada y nada más. No es normal sentir que los días transcurren de manera estéril, sin pasión, sin propósito. No es “normal” encerrarse en un baño a llorar, secarse las lágrimas, ponerse una máscara y salir, rogando que los demás no se den cuenta de la forma en que me estoy sintiendo, ahogado por la presión de todo lo que se siente que se debe cumplir. No es “normal” hacerle caso a los demás, así sea mi familia, acerca de la forma en que se supone que debo pensar, que debo ser o que debo sentirme frente a la vida. Saboteando mis deseos con tal de garantizar su cariño y afecto. No es “normal” llorar todas las noches de forma silenciosa, sin ningún motivo aparente, por todo y por nada, por la vida que he vivido y la que me hubiera gustado tener. No es “normal” mirarme al espejo y sentir rabia y frustración. Pelear conmigo de forma permanente, asumiendo que el autocastigo y el insulto son la vía para el cambio, para dejar de ser lo que no me gusta, para tomar decisiones, para asumir consecuencias. Estas y muchas cosas más, las hemos normalizado, pero no son sanas. Acostumbrarnos a una vida reprimida y ahogada, desgastada y dolida no es normal. Nadie no eres la excepción así lo sientas así merece vivir de esa manera.