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Opinión

No diré nada, pero habrá señales

Bibiana María Guerra de los Ríos
Bibiana María Guerra de los Ríos
Columnista
31 de mayo de 2026

Cada cuatro años creemos haberlo visto todo en materia política. Y cada cuatro años Colombia vuelve a sorprendernos. Esta campaña política no fue la excepción, solo que la sorpresa llegó desde otro lado: no desde las plazas, sino desde las pantallas.

Cada cuatro años creemos haberlo visto todo en materia política. Y cada cuatro años Colombia vuelve a sorprendernos. Esta campaña política no fue la excepción, solo que la sorpresa llegó desde otro lado: no desde las plazas, sino desde las pantallas. Mi mamá lo notó primero: ya no hay afiches en los postes ni muchos carros empapelados recorriendo las calles. El mundo cambió, las campañas también y este país, aunque a veces nos cueste admitirlo, tampoco se quedó atrás. Ocho fórmulas le apuestan a la Presidencia de la República, pero el país real apenas ve tres con posibilidades ciertas de avanzar. Y en esas tres se resume buena parte de lo que somos hoy: una izquierda que tuvo la oportunidad de gobernar, no lo hizo bien y el país lo sabe; una derecha que se presenta como alternativa; y un centro que insiste en recuperar el rumbo. Estas dos últimas, más parecidas entre sí de lo que cualquiera estaría dispuesto a reconocer públicamente. La tecnología lo cambió todo. Los grandes escenarios regresaron: Medellín, Bogotá y Cali desbordadas. Y eso importa, porque la política también se mide en cuerpos presentes, en calor humano, en gente que sale a la calle, en fervor ciudadano. Pero la verdadera campaña ocurrió en otro lugar: en TikTok, en los streamings, en entrevistas largas donde los candidatos tuvieron que mostrarse como personas con sus rutinas diarias, y no como figuras diseñadas para un comercial de treinta segundos. Esta vez hubo menos espacio para esconderse detrás de un telepronter. Aunque, siendo sinceros, también perdimos algo importante: la posibilidad de ver a todos los candidatos confrontando ideas y propuestas, escuchándose entre sí y respondiéndole al país. Y junto a todo eso apareció algo más oscuro: bots inundando redes sociales, inteligencia artificial fabricando versiones convenientes de la realidad y poniendo palabras en bocas ajenas. Nunca había sido tan fácil manipular, distorsionar o mentir a escala masiva. Por eso hoy, justamente hoy, toca votar con los ojos bien abiertos. Quien no vota también elige, solo que le entrega esa decisión a otro. Y en un país como el nuestro, donde los márgenes pueden terminar siendo estrechos, abstenerse no es neutralidad: es un regalo envuelto para quien menos lo merece. Dicen que el voto es secreto, pero más de uno ya dio señales sin abrir la boca. Estamos escogiendo entre tres visiones de país: la que ya probamos, la que quiere volver y la que promete algo distinto, con fuerza, ambición y ganas de comerse el país. Las dos últimas, mucho más similares de lo que aceptan quienes hoy las presentan como enemigas irreconciliables. Ese sigue siendo el error más costoso de esta campaña: creer que el adversario está al lado, cuando probablemente está al frente. Hoy es el día. La tecnología ya hizo su parte, para bien y para mal. Ahora nos toca a nosotros.