
Niños y adolescentes: suicidio

La comprensión de la muerte evoluciona con la edad, pero el suicidio infantil es alarmante. Causas y factores de riesgo se entrelazan en una problemática que requiere atención urgente.
Por Remberto Burgos Es interesante cómo se explica la construcción del concepto de muerte: la primera, que va hasta los dos años, indiferencia y desconocimiento. La segunda, de 4 a 6 años, se tiene una percepción mítica de la muerte -algo temporal y reversible-. La tercera hasta los 9 años, se cree que después de la muerte la persona sigue existiendo en otro tipo de vida. Desde los 12 años, se comprende la irreversibilidad de la muerte y se piensa en la posibilidad de la propia. Con esta explicación cronológica buscar las causas debe ser el propósito inmediato de salud mental y establecer cómo podemos modificar los factores de riesgo. Según la OMS el suicidio es la segunda causa de muerte entre los 10-24 años y cada año se registran aproximadamente 100.000 casos. La mayoría de los muchachos que se suicidan tienen enfermedad mentales: no pueden lidiar con el estrés de la adolescencia. Le quedan grandes situaciones como la ruptura, el fracaso y los problemas escolares y familiares. Las estadísticas son variables, se considera que de los 839 suicidios ocurridos el año pasado, 341 corresponde a menores de 16 años. Casi el 40% de estos enfermos son muchachos que no han vivido, criterio lábil y su cerebro -especialmente los lóbulos prefrontales- está iniciando el proceso de consolidación y madurez. Conocer las dificultades académicas de los niños suicidas produce escalofríos. Padres en vías de separación, mal rendimiento escolar y violencia están dentro de las causas. Preocupa y llama la atención es el subgrupo de los niños de 9 años quienes no tienen definido, el concepto de la muerte y buscan en el suicidio la salida rápida para solucionar el problema que los agobia. No debemos olvidar que entre enero 2015 y julio 2022 se cometieron 2.060 suicidios y 32.719 intentos de niñas, niños y adolescentes. Si extendemos nuestra mirada hacia los neurotransmisores notamos una depleción de la serotonina y esta modula las emociones y los estados de ánimo en el LCR. ¿Alteración en los genes que codifican su síntesis? Esto explicaría el descontrol de impulsos y la actitud de desesperanza que vemos en los suicidas con las alteraciones cerebrales en la corteza prefrontal y en el hipocampo. Los hallazgos de la investigación que mostraron que el área de superficie del polo frontal era menor en los jóvenes con antecedentes de intentos de suicidio. Diptongo: Colombia: en la fecha un menor se suicida todos los días.