
Ni político, ni economista

En Sincelejo todavía existe la idea de que la política es solo ese show que empieza cuando llegan las elecciones: afiches por toda la ciudad, discursos en plaza pública y promesas que a veces duran menos que un recibo de luz en el bolsillo.
Por Mateo Ruiz Buelvas En Sincelejo todavía existe la idea de que la política es solo ese show que empieza cuando llegan las elecciones: afiches por toda la ciudad, discursos en plaza pública y promesas que a veces duran menos que un recibo de luz en el bolsillo. Pero la realidad es mucho más simple: la política se vive todos los días, y uno de sus escenarios más fuertes es la economía. No hace falta tener un cargo ni hablar en nombre de nadie para entender que el desempleo, la falta de oportunidades y los precios que suben cada semana también son decisiones políticas que nos afectan directamente. Como joven estudiante, he aprendido que la economía local es un espejo de lo que decidimos como comunidad. Cada vez que elegimos comprarle a un emprendedor del barrio en vez de irnos por la gran cadena, estamos tomando una postura. Puede que no parezca un acto político, pero lo es. Porque apoyar lo local significa fortalecer a quienes madrugan, luchan y ponen su talento en juego para sostener a sus familias. Es una forma de mover la economía desde abajo, desde la gente que de verdad siente el pulso de la ciudad. En Sincelejo está llena de jóvenes con ideas, con ganas y con proyectos que podrían crecer mucho más si se les diera el espacio adecuado. Emprendimientos que nacen en una sala, una terraza o un rincón del barrio, pero que cargan una vibra enorme de creatividad y esperanza. Por eso, hacer política desde lo económico también implica exigir oportunidades reales, promover condiciones más justas para emprender y apostarle a un consumo consciente que fortalezca lo nuestro. Hace poco, en una reunión de jóvenes con el expresidente Uribe aquí en Sincelejo, más allá del debate político que siempre genera su figura, salí pensando en algo clave: los jóvenes sí quieren hablar de política, pero desde lo que viven, no desde lo que les imponen. Muchos allí no estaban ni por ideología ni por aplausos; estaban porque sienten que el futuro económico de la ciudad no se está moviendo al ritmo de sus sueños. Esa reunión me dejó claro que no hay que estar de acuerdo con todo para reconocer que la juventud está buscando espacios para ser escuchada, y que eso también es hacer política. Y al final, esa es la esencia: no hay que ser economista para mejorar la economía de Sincelejo. Hay que tener sentido social, visión y responsabilidad. La política no solo está en la Gobernación de Sucre, la Asamblea de Sucre, el Concejo de Sincelejo y la Alcaldía de Sincelejo, también está en el mercado, en la universidad, en el transporte y en cada peso que decidimos gastar. Si queremos ver a Sincelejo avanzar, dejemos de esperar a que alguien más mueva la ficha. El cambio también empieza en nosotros.