Cargando indicadores...
Sucre Logo
Imagen del artículo
Opinión

Navidad sin navidad

Olga Lucía Bustamante Madrid
Olga Lucía Bustamante Madrid
Columnista
24 de diciembre de 2022

La Navidad, desdibujada por el consumismo, corre el riesgo de olvidar su esencia: el nacimiento de Jesús. Un llamado a preservar el espíritu original y los valores familiares.

Por: Olga Lucía Bustamante Madrid. Parece contradictorio ese título. Cuando Francisco de Asís en 1.223 creó la escena del nacimiento de Belén, quiso hacerle un homenaje al Niño Dios hecho hombre, que había llegado al mundo para encaminar los destinos espirituales y morales de la humanidad. Pero como suele suceder, alrededor de esa verdad, se fueron anexando ‘detalles bonitos y suntuarios’, hasta el punto de que el significado profundo e histórico, fue perdiendo fuerza y posicionamiento, cediéndole el espacio a nuevos personajes como Santa Claus (Invento de una conocida gaseosa), cargado de regalos, que viene en su trineo desde el polo norte, entre colores verdes y rojos, con el que el comercio caracterizó esas fiestas. Moños y adornos cada vez más vistosos, engalanando árboles gigantes, muñecos de nieve, medias colgadas, luces decorativas y música variada, porque hasta los villancicos comenzaron a desaparecer.  Costumbres de otras culturas fueron tomando poder, y anulando la tradición del Nacimiento de Belén. Los ejes de la navidad eran: el pesebre, donde se rezaría la novena, y el árbol, que el grupo familiar armaría, significando la vida.  Estarían todos esperando con anhelo el encuentro, en torno a la mesa, para la cena familiar de Navidad, encabezada por abuelos, padres, hijos, nietos y familia extensa, que llegaría de todas partes, con los regalos, para hacerle a los niños su nochebuena de ensueño.  Ambientes amenizados por los cantos navideños y luces de colores. No importaba el costo de los aguinaldos, cajas grandes y pequeñas cargadas de amor, aunque tuvieran poco valor monetario. La esencia de esta celebración sucumbió ante la fuerza impetuosa de las potencias económicas y sociales, creando expectativas cada vez más altas y superfluas. Los padres de familia que conocieron el pesebre durante su niñez, también cedieron y claudicaron en sus costumbres. Al parecer, en muy pocos años, el Niño de Belén desparecerá de los hogares, y quizá del corazón de los niños, será un simple recuerdo de un pasado hermoso. Hago una invitación a las nuevas familias. “No dejen que la luz interior de sus hijos se apague. El espíritu navideño debe permanecer a través de las vivencias sencillas, pero cargadas de claridad y esperanza. El Niño de Belén no es un cuento de hadas, ni un superhéroe. Es la presencia viva del Creador en el corazón de su obra. El Dios que se hizo hombre para que no perdiéramos el camino de regreso a la casa espiritual.  Una realidad que no pasa de moda, que siempre ‘es y será, está y estará’, aunque no haya conciencia de ella. “