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Opinión

Movilidad en Sincelejo frente a los retos de América Latina

Manuel Cadrazco Martelo
Manuel Cadrazco Martelo
Columnista
3 de septiembre de 2025

El primero de septiembre, Sincelejo puso en operación quince busetas que recorren las calles y que eran una solución de transporte urgente y necesaria.

Por Manuel Andrés Cadrazco Martelo El primero de septiembre, Sincelejo puso en operación quince busetas que recorren las calles y que eran una solución de transporte urgente y necesaria. Cada unidad realiza alrededor de cuarenta y cuatro kilómetros diarios, con dos servicios que parten de la carrera cuarta, uno hacia el norte y otro hacia el sur. La tarifa queda en mil quinientos pesos por viaje, exenta para cincuenta y cinco mil estudiantes y beneficiarios de gratuidad institucional. Este despliegue de transporte público busca fomentar hábitos de movilidad y mejorar la experiencia del usuario mediante torniquete electromecánico, cámaras de seguridad y wifi. Más allá de la novedad local, en un reciente informe del BID sobre movilidad urbana en América Latina y el Caribe revela retos que trascienden el caso de Sincelejo. Identifica la fragmentación de sistemas como obstáculo principal: la falta de coordinación entre modos encarece y alarga viajes, hace inviable la planificación técnica y diluye el impacto de inversiones aisladas. Una prioridad señalada por el BID es la integración modal efectiva. Sin conexiones programadas entre buses urbanos, alimentadores y alternativas no motorizadas, cada traslado se vuelve impredecible. La sincronía tarifaria y de horarios resulta esencial para evitar sobrecostos ocultos y para consolidar patrones de demanda que justifiquen despliegues más ambiciosos. El llamado a abordar la última milla cobra especial relevancia en contextos urbanos como Sincelejo, donde la dispersión y los recorridos informales exigen soluciones de proximidad. La ausencia de alternativas en esos tramos finales limita la percepción de un servicio integral y empuja a usuarios hacia medios informales o al vehículo privado. La sostenibilidad financiera y ambiental emerge como tercer desafío. El BID favorece el uso de flotas limpias y mecanismos de cobro digital para optimizar la recaudación, al tiempo que recomienda esquemas de subsidios transparentes y focalizados. Sin estos instrumentos, cualquier proyecto corre el riesgo de convertirse en un gasto sin continuidad. El caso de Sincelejo ilustra un avance táctico: equipamiento moderno y atención al usuario. Sin embargo, para trascender el piloto es necesario encajarlo en un marco regional que garantice interoperabilidad, financiamiento estable y gobernanza multinivel. Está todo dispuesto para ello y este inicio es un comienzo necesario. Solo así las rutas locales dejarán de ser un experimento aislado y se convertirán en nodos de una red integrada de movilidad urbana que atienda retos de la ciudad y su área de corregimientos. Bienvenida la nueva movilidad.