
Miro para atrás solo para rescatar lo aprendido

Cumplir años siendo persona adulta mayor, es un gran privilegio. El motor que mueve mi sentir y mi actuar me animan a seguir enfrentado la vida con alegría y agradecimiento, a pesar de cualquier obstáculo inherente a la edad y a cualquier circunstancia exterior a mí.
Cumplir años siendo persona adulta mayor, es un gran privilegio. El motor que mueve mi sentir y mi actuar me animan a seguir enfrentado la vida con alegría y agradecimiento, a pesar de cualquier obstáculo inherente a la edad y a cualquier circunstancia exterior a mí. La familia sigue siendo mi eje. La compañía maravillosa de un ser que envejece conmigo tranquilo y con momentos llenos de valor. Hijos, que con sus familias, están pendientes de regalarnos lo mejor de sí mismos. Trato de hacer polo a tierra cada día, lejos de lo aparente y superficial, pero disfrutando lo bueno y sencillo que ofrece la vida: la familia, los pequeños y grandes detalles, una sonrisa sincera, eventuales celebraciones, caminatas diarias, el compartir una conversación desprevenida con alguien agradable. Miro para atrás solo para rescatar lo aprendido. Evito personas y situaciones que dañan, que no aportan sino que ensombrecen, que pueden arrebatarme energía. Aprendí, - con mucha dificultad y aun me cuesta-, evitar poner sobre mis hombros, en mi mente y en mi corazón, decisiones ajenas, que no puedo cambiar. Hay algo que enseñan los años: A no insistir en intentos que han fallado miles de veces. A no ser mi propio verdugo echándome culpas de desaciertos propios o ajenos, -solo busco en ellos una lección-. Abrí paso al perdón y al silencio sano y relajante. Sin dejar de disfrutar de buenos ambientes, con personas que son vitamina para el estado de ánimo. Acepté que más allá de lo externo, hay un mundo interno maravilloso que nos habita. Comprobé que ningún problema es eterno, que toda solución llega, que no hay que detenerse a lamentarse, solo hay que confiar y dar lo mejor de sí. Celebro con satisfacción los triunfos de otros. Frecuento a quien me expresa con agrado su cariño, aquel que me regala sin esfuerzo un rato de su tiempo. Valoro el poder de servir. El mundo está sediento de actitudes que brinden confianza y paz. Muchos no encuentran sentido a sus vidas, la perciben como una amenaza constante. Existen muchos en soledad, de esa que se parece al abandono, acompañada de lujos, pero lejos del afecto y la compañía de otros. Y agradezco a Dios por lo vivido, por lo entendido y por lo que aun debo entender. Miro mi existencia como una gran oportunidad de ser mejor cada día.