
Miguel Uribe Turbay - Atentado

Queridos sanonofrinos: el atentado contra el Senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay – que acontece a muchos colombianos –, nos entristece. Quien hace daño a un ser humano es como si lo hiciera a la entera humanidad
Por Mons. Amaury Medina Blanco Queridos sanonofrinos: el atentado contra el Senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay – que acontece a muchos colombianos –, nos entristece. Quien hace daño a un ser humano es como si lo hiciera a la entera humanidad. Nuestras plegarias por el Senador y por todas las víctimas. Todavía no sabemos quién ordenó el atentado, tal vez nunca lo sabremos o cuando lo sepamos surjan otros interrogantes. ¡El mediocre elimina al contrincante para poder brillar! Queridos sanonofrinos: se mata físicamente y se mata moralmente. Durante las campañas electorales varios de ustedes – por defender a su candidato – matan moralmente al contrincante. No argumentan, ni razonan, ni se interesan por conocer un programa de gobierno, ni los DDHH. Por el contrario, se agreden verbalmente, aplauden los incendiarios discursos de odio, irrespetan la dignidad humana del oponente, su vida íntima y la de su círculo familiar, y tildan de diablo a quienes pensamos diferente. Utilizan métodos bajos como los perfiles falsos y hasta envían emisarios a amenazar. ¡Eso es matar! Quienes acuden a esos métodos son igual de mediocres que los criminales que atentaron contra el Senador. Queridos hermanos: extirpemos los discursos de odio, una palabra inadecuada contra los que pensamos diferente, es como un fósforo encendido en una montaña durante el verano. Por consiguiente, la conciencia moral nos impone el deber de no votar por candidaturas que hayan propiciado o propicien el odio. Varios de ustedes olvidan qué, pasadas las elecciones, los líderes otrora “contrincantes” se sientan a dividir contratos, a abultar sus bolsillos y a encubrir sus desfalcos. Por último: muchos de nosotros somos campesinos, sabemos que la parcela no es de monocultivo, sino de variedad de especies; eso enriquece la alimentación. Del mismo modo, las diferencias ideológicas son una riqueza para la sociedad y para la democracia. Entre los colaboradores del Centro Emaús figuran personas de diferente ideología, sexo, raza, credo religioso, corriente política y condición económica. El resultado es un hermoso mosaico en donde – sin perder la individualidad – nos fortalecemos como seres sociales al servicio de la sociedad.