
Miedo y amor

Amar con miedo implica filtros y desconfianza, tanto en uno mismo como en la pareja. Esta dinámica erosiona la relación, impidiendo un amor sano y genuino.
Por Olga Leonor Hernández Bustamante En ocasiones se ama con miedo. Y amar con miedo es amar con filtros. Es ser un observador y evaluador de cada una de las cosas que van sucediendo para valorar si está bien o no. Se ama con miedo hacia mí mismo o hacia el otro. Es decir, nos relacionamos desde la desconfianza en nosotros mismos o la desconfianza en los demás. Cuando se ama con miedo a nosotros mismos, existe la duda de ser una persona lo suficientemente buena para que el otro quiera estar ahí. Hay de cierta manera un convencimiento silencioso de no ser una persona digna de ser amada. Es así como se siembra la duda sobre los gestos que se reciben y se somete al otro a evaluación para ver si realmente quiere estar conmigo. Hace poco un paciente me dijo, describiendo una escena cotidiana en su relación “Yo dejaba de hablarle por uno o dos días, para ver si venía a buscarme”. La evaluación entonces era positiva si la persona regresaba a arreglar las cosas. si no volvía, era la confirmación de que no lo amaba. Lo complejo es que él estaba convencido de que ella en algún momento se iba a ir, porque él no era una buena persona, estaba de algún modo dañado, lo que pasó es que efectivamente la relación terminó, dejándolo convencido de no merecer ser amado por nadie. Tremendo sabotaje. Cuando se ama con miedo a los demás, se percibe en los otros un potencial y permanente peligro. Se tiene la percepción de que los otros quieren dominar, aprovecharse, engañar, abandonar y entonces la desconfianza se instala y se construye un vínculo a la defensiva. Sospechando de todo y analizando a cada momento la forma en que la otra persona me puede destruir. Construyendo defensas, mostrándome fuerte para que jamás mi vulnerabilidad sea algo de lo que se puedan aprovechar. Es así como se vive un amor violento, que juzga y duda todo el tiempo, que pone constantemente dedos en las llagas, que considera que los buenos momentos son solamente anticipos de la catástrofe. Cuando se ama con miedo no se ama (perdón por el juego de palabras). El miedo tiene la intención de protegernos del peligro y para amar se necesita justo lo contrario, aceptar la propia vulnerabilidad y permitir que sea acompañada por otro. Un amor sano no tiene miedo de ser lo que es, de mostrar lo que somos, de mirar a los ojos y revelar nuestra esencia. Un amor sano, cuando duda, lo habla, lo revisa, lo conversa. En un amor sano todo en el encuentro con el otro es ganancia, porque reconoce la coincidencia maravillosa que es poder encontrar a alguien con quien caminar la existencia.