Mi deseo de fin de año
Un incidente de tránsito en Sincelejo revela el problema de las infracciones. La "Teoría de la Ventana Rota" explica cómo la tolerancia a pequeñas faltas genera caos vial.
Por: Lewis Pereira González. Algo que he temido desde que llegué a Sincelejo me ocurrió hace un par de días en una esquina congestionada de la ciudad, y fue un incidente de tránsito con una de los miles y miles de motos que circulan por doquier. Afortunadamente, se trataba de buenas personas con las que se podía conversar y llegamos a un arreglo amistoso; de hecho, cuando me detuve un poco entendí que se trataba de un padre amoroso y su hijo, por lo cual, pues, recordé la “Teoría de la Ventana Rota”. Lo que ocurre en la ciudad no se refiere a decisiones personales que cada quien toma, sino a un hábito colectivo que se ha establecido firmemente. Hablaré, entonces, como antropólogo y sociólogo. La gente hace las cosas porque ve que otros las hacen, la imitación y el contagio social, como decía Gabriel Tarde, son fenómenos muy fuertes, y la teoría se ha probado una y otra vez en distintos países. Se realizó un experimento por el cual se dejaron dos vehículos abandonados en dos sitios distintos, uno con la ventana rota y el otro sin ese detalle; el de la ventana rota fue dejado en una urbanización de estrato alto y el de las ventanas en buen estado en una zona pobre. Ocurrió que el que tenía las ventanas rotas fue desbalijado gradualmente y termino sin vidrios y sin accesorios, lo cual llamó mucho la atención porque se encontraba en una zona de estrato alto. El fenómeno dio lugar a una política de tolerancia cero con las infracciones de tránsito y esto condujo a que muy pocas personas cometerán infracciones. Como fenómeno social, si un motociclista ve que otro circula por un andén y no pasa nada, lo hará también, y si otros circulan en contravía y nadie pone una multa, todos los demás lo harán, y lo mismo para las infracciones de andar sin luces por las noches (lo cual es muy frecuente) o no prestar atención a la luz roja del semáforo, lo cual es más frecuente. Quizás las autoridades han desistido en su lucha con estos problemas porque el fenómeno los ha desbordado, pero el principio sigue siendo el mismo, si dejas que alguien cometa infracciones más personas lo harán. En eso Sincelejo está fuera de control. Por lo demás, yo trabajo en temas de ingeniería social y con gusto diseñaría un programa piloto para reducir las infracciones al mínimo. En todo caso, mi deseo para Sincelejo es que tengamos una ciudad ordenada en el 2023.