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Opinión

Mes de María

Selma Samur de Heenan
Selma Samur de Heenan
Columnista
3 de mayo de 2026

Un día de mayo fue elegido por nuestra Madre del Cielo para hacer su aparición en dos pequeñas ciudades: Fátima en Portugal en 1917 y Conyers en Estados Unidos en 1991. En ambos lugares hizo su presencia majestuosa durante meses, trayendo regalos desde el cielo, con los que ha cambiado el transcurso de la vida de miles de personas.

Un día de mayo fue elegido por nuestra Madre del Cielo para hacer su aparición en dos pequeñas ciudades: Fátima en Portugal en 1917 y Conyers en Estados Unidos en 1991. En ambos lugares hizo su presencia majestuosa durante meses, trayendo regalos desde el cielo, con los que ha cambiado el transcurso de la vida de miles de personas. Por ejemplo, la danza del sol; la caída de pétalos de rosas o de escarchas en varios colores; las siluetas de la Virgen y de ángeles entre las nubes, y el cambio del metal de los objetos religiosos, entre otros fenómenos tan evidentes que en ocasiones han podido ser fotografiados o filmados. También se dieron y siguen dando muchas sanaciones físicas de múltiples dolencias o enfermedades terminales, que previamente la ciencia médica diagnosticó como incurables, así como otros milagros que, a mi modo de sentir, son aún mucho más importantes, si se quiere, porque han originado un cambio en el corazón de las personas, llevándolas a una conversión profunda y una transformación absoluta en sus pensamientos, sentimientos y, por consiguiente, en su conducta. Ahora bien, lo que en general llama más la atención de las apariciones de nuestra Madre Amorosa son los signos prodigiosos y acontecimientos milagrosos que las rodean, dejando sin importancia lo esencial, que son sus mensajes. Esto puede deberse a que en ellos cumple su misión maternal, advirtiéndonos lo que muchos no quieren escuchar: que necesitamos cambiar de vida, convertirnos al Evangelio y dejar la placentera comodidad del pecado a la que nos hemos acostumbrado. Además de lo anterior, la Virgen nos pide que oremos, que leamos la Palabra de Dios, que ayunemos, que recemos el rosario, que hagamos uso de los sacramentos de la confesión y la comunión, principalmente. Algunos de sus mensajes dados en estos lugares han sido estos: “Hagan sacrificios por los pecadores y digan mientras los hacen: Oh Jesús, esto es por amor a Ti, por la conversión de los pecadores”. Para finalizar, les comparto esta advertencia que tiene mucha vigencia en estos días preelectorales: “He venido a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón. Si atienden mi petición, Rusia se convertirá y tendrán paz. Si no, esparcirá sus errores por el mundo”. Fátima, 13 de julio de 1917.