
Mensajes por casualidad

En un mundo caótico, mensajes inesperados en productos y calles ofrecen pausas inspiradoras. Desde Starbucks hasta galletas de la fortuna, la publicidad conecta de forma humana.
Por Bibiana María Guerra De Los Ríos Quizás si no hubiera estudiado economía y gestión y desarrollo urbano, y si tuviera esa habilidad creativa, una buena opción habría sido la publicidad. ¿Quién no ha pedido señales a la vida? ¿Quién no busca certezas en sus decisiones o simplemente un pequeño respiro que renueve su ánimo? En este mundo cada vez más caótico e incierto, los mensajes espontáneos que aparecen en la calle o los que se cuelan en los productos que consumimos nos brindan momentos únicos, pequeñas pausas de sentido que, a veces, lo cambian todo. Recuerdo los mensajes escritos en los vasos de Starbucks. Aunque se equivocaran y escribieran mi nombre con “V” en lugar de “B”, esos gestos personalizados me alegraban la mañana y hacían más llevaderas las madrugadas en el aeropuerto. Una frase amable o halagadora podía transformar el día. Esta práctica se detuvo por denuncias relacionadas con acoso, pero la intención era memorable: “un café que no solo calentaba las manos, sino también el espíritu”. Lo mismo ocurre con las bolsitas de té que esconden frases inspiradoras, perfectas para dar ese empujón necesario entre tareas, o las servilletas de papel que, con un simple "sonríe, hoy es un buen día" o “come dulce porque hoy es el cumpleaños de alguien”, logran sacarnos una sonrisa genuina. Y qué decir de las galletas de la fortuna y esos pequeños papelitos que mezclan humor, misterio y optimismo. Aunque a veces los mensajes sean genéricos o inverosímiles, no deja de ser emocionante abrirlas, esperando descubrir algo que, por casualidad o destino, nos hable directamente. ¡Y sí que nos habla! O, para los católicos, cuando vamos a misa y, por diocidencia, encontramos esa respuesta que veníamos solicitando. Caminar por la calle también tiene su magia. Las baldosas, los grafitis, las paredes y hasta las ventanas pueden esconder mensajes que parecen dirigidos a nosotros, justo en el momento en que más los necesitamos. Una frase escrita con tiza que dice "todo va a estar bien" o un cartel olvidado en una esquina que grita "cree en ti mismo" pueden cambiar el rumbo de una mañana gris. Estos mensajes no pedidos, que llegan de casualidad, nos recuerdan que no estamos solos, que las palabras tienen poder, y que la publicidad, aunque tenga fines comerciales, a veces logra conectar de forma íntima y humana. Parece banal y superficial, pero en un mundo donde muchas veces la rutina parece devorarnos, necesitamos estas pequeñas motivaciones para seguir adelante. Sigamos caminando, observando y dejándonos sorprender por esos mensajes que aparecen cuando menos los buscamos, pero que llegan justo cuando más los necesitamos.