
Menos pobreza, más conectividad: una relación que empieza a consolidarse

Colombia está mostrando avances relevantes en la reducción de la pobreza multidimensional, y detrás de esta tendencia comienza a hacerse visible un factor estructural clave: la mejora en la conectividad digital.
Colombia está mostrando avances relevantes en la reducción de la pobreza multidimensional, y detrás de esta tendencia comienza a hacerse visible un factor estructural clave: la mejora en la conectividad digital. De acuerdo con cifras recientes del DANE, la incidencia de pobreza multidimensional a nivel nacional pasó de 19,1% en 2018 a 9,9% en 2025, lo que representa una reducción de casi diez puntos porcentuales en siete años. Esta caída sostenida refleja mejoras en condiciones básicas de bienestar como educación, vivienda, empleo y acceso a servicios. Sin embargo, el dato más revelador está en los territorios históricamente rezagados. En los centros poblados y zonas rurales dispersas, la pobreza multidimensional se redujo de 38,6% a 22,4% en el mismo periodo. Aunque la brecha sigue siendo significativa frente a las cabeceras municipales —donde el indicador cayó a 6,3%—, la tendencia confirma que el cierre de desigualdades está en marcha. En paralelo, el país ha venido reduciendo su brecha digital, entendida no solo como acceso a internet, sino como la capacidad efectiva de usarlo. Este cambio es fundamental: hoy la conectividad no es un lujo, sino un habilitador del desarrollo social. Que al igual que la pobreza multidimensional es más alta en las zonas rurales dispersas. La evidencia sugiere que existe una relación cada vez más clara entre conectividad y reducción de pobreza. El acceso a internet permite mejorar oportunidades educativas, facilitar la inserción laboral, ampliar el acceso a servicios del Estado y dinamizar economías locales. En otras palabras, reduce múltiples privaciones simultáneamente, que es precisamente lo que mide la pobreza multidimensional. No obstante, el reto sigue siendo profundo. Aunque más hogares están conectados, persisten problemas de calidad, velocidad, asequibilidad y habilidades digitales. Es decir, no basta con tener acceso: lo importante es que este sea significativo. En este contexto, los expertos coinciden en que el país debe cambiar la forma de medir y abordar la brecha digital. Más que contabilizar conexiones, se requiere evaluar cinco habilitadores claves: infraestructura, dispositivos, habilidades digitales, seguridad y asequibilidad. Solo así se podrá entender si la conectividad realmente está generando impacto. Colombia avanza, pero aún enfrenta una paradoja: mientras mejora en indicadores sociales, persisten limitaciones estructurales en la calidad de la conectividad. Superar esta tensión será determinante para consolidar los avances logrados. Porque, al final, cerrar la brecha digital no es solo conectar territorios: es abrir oportunidades.